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ANTHONY QUINN

 

 

 

 

 

 

 

Siempre que he visto una película de Anthony, he sentido las mismas vibraciones, cuando contemplo su rostro, su cuerpo, esa risa contagiosa, esa forma de andar, mi cuerpo se estremece voluptuosamente. Es el hombre que todos hubiéramos querido tener como asesor, amigo, compañero, profesor o para otros fines que no viene al caso, pero que se pueden adivinar con facilidad. Anthony Quinn es el actor de casa, el que nos enternece con su humanidad disfrazada en La Strada, el que nos abruma con su físico en Barrabás, o el que nos conmueve en La Herencia Ferramonti, dejando para el final esa figura mítico de su baile griego en Zorba el griego, referente de toda su filmografía, y que ahora nuestro Antonio Banderas quiere llevar  los escenarios de Broadway en uno de esos musicales que marcaran época en los teatros emblemáticos de Nueva York. Cuando vi la primera vez a Quinn fue en el estreno de Barrabas en el cine Paz de Madrid, recuerdo que pasamos, mis amigos y yo horas en la cola. No era una película normal, venía precedida de una propaganda de gran producción en Todda-o, y con una historia a sus espaldas muy atrayente. Yo ya sentía mi interior alterado con solo contemplar aquel rostro brusco, y un cuerpo culpido a base de esfuerzos gimnásticos, pero lo que mas me atraía era n sus ojos, su sonrisa, su mítica historia que arrastraba y la creencia de que iba a presencia un gran espectáculo, aunque ya adivinaba, sin decir nada a nadie, que el espectáculo se llamaba ANTHONY QUINN. Sin embargo, cayó en las redes de la Madame mas famosa de la Meca del cine: Mae West, que se sintió atraída por el hombre y propulsó su carrera cinematográfica gracias al apoyo de la estrella de ese momento, En principio Mae West, lo avaló como extra, mas tarde vendrían Lawrence a Arabia, Los Cañones de Navarone y Barrabás. No cabía duda que el poder de esta mujer era tremendo, casi a la altura del que tuvo años después Lana Turner, solo que Mae poseía un ojo clínico hacia los hombres y vió en Quinn material para producir en la pantalla los sueños eróticos mas variados. La amistad que el actor mantuvo con Mae fué hasta el final de los días de la actriz, siempre la defendió, estuvo a su lado, cuando los productores la rechazaban y no querían saber nada de ella. En cambio el actor no entró en la densa tela de araña que manipulaba Lana Turner, sucesora de Mae West, en muchos de los negocios sucios de la Meca del Cine. A pesar de todo, interpretó con Lana un drama nada despreciable, muy bien planificado, eso que los cinéfilos llamamos "una pequeña obra de culto", film que reunía todos los ingredientes para alzarse como un melodrama con clase, muy al gusto de la época: RETRATO EN NEGRO.

Anthony Quinn sustituyó a Marlon Brando en las representaciones teatrales en Broadway de UN TRANVÍA LLAMADO DESEO, al lado de Jessica Tandy, cuando Budy comenzó a las ordenes de Kazan a preparar su personaje que sería llevado al cine, al lado de mi admirada Vivien leigh, me parece que con solo esto se puede apreciar la calidad del actor del cual estoy hablando. Quinn era muy adicto a los consejos de Brando, no se puede decir que fueses íntimos, pero ambos se llevaban muy bien:

-" Brando muchos años después de que le sustituyese en El Tranvía Llamado Deseo, me llamó una noche para proponerme el papel de Dad en "One-Eyed Jacks", EL ROSTRO IMPENETRABLE, película que iba a dirigir. El papel me dijo me venía como un guante, y que necesitaba mi físico... Muy a pesar mío tuve que decirle que no, pues tenía ya firmado intervenir en LOS CAÑONES DE NAVARONE. Karl Malden hizo una extraordinaria interpretación de Dad, al lado de Katy Jurado, y a pesar de las criticas y los muchos inconvenientes que tuvo para filmarla, Brando no era solo un actor inimitable, sino también un notable director. Este es uno de los muchos papeles que lamenté no hacer.-"

 

LAS SANDALIAS DEL PESCADOR

 

Anthony se estaba convirtiendo poco a poco en el sueño americano, y a pesar de esa negativa, siempre mantuvo una excelente relación con Brando, aunque de esto último poco se ha escrito. Ambos ya habían trabajado juntos nueve años antes, haciendo una interpretación burda, pero muy valida en ese mosaico de revolución Ligh que fué VIVA ZAPATA. Anthony fué el pilar de muchos dramas y extraordinarias producciones como por ejemplo: LAS SANDALIAS DEL PESCADOR, pero ante todo era el hombre rudo italiano y griego que nos dejó con la boca abierta en la secuencia del baile en ZORBA EL GRIEGO. Anthony es sin ser una figura emblemática en todos los aspectos, supo atrapar al publico con una sonrisa mas que sugerente, y la conservó hasta el final de sus días. Quinn era un actor de nacimiento, no necesitó nunca clases dramáticas, simplemente dejaba salir de él, el hombre rudo, el sensible amante, el padre despreciado, la bestia y el señor. Quinn era la misma metamorfosis y nos regaló lo que no tiene precio, una imagen que vales mas que todas las palabras de cualquier diccionario.  

Anthony Rudolf  nacido en Chihuahua, México, pero siempre se le ha considerado un actor estadounidense. De padre irlandés y madre mexicana, desde pequeño vivió en varios lugares de California. Tuvo que empezar a trabajar pronto, al tiempo que asistía a clase en el colegio Belvedere Junior Hight. La necesidad le llevó a aprender todo tipo de oficios, que desempeñó a lo largo de varios años, como vendedor de periódicos, camarero, camionero, boxeador…El teatro le interesó desde joven: asistió de oyente en la escuela de Katherine Hamil y con veintiún años debutó en el Hollytown Theatre de Los Angeles. No obstante, circunstancias diversas le obligaron a mirar hacia el cine, medio en el que comenzó apareciendo de "extra". Sus condiciones y rasgos físicos le condicionaron para interpretar papeles muy característicos: bucanero, gángster o soldado y, con el tiempo, representó todo tipo de indios, mestizos, esquimales, árabes o rusos, que le permitieron, no obstante, alcanzar una seguridad y una prestancia que todo actor necesita. Sus primeras intervenciones le abrieron puertas, en films de renombre dirigidas por Mitchell Leisen y Cecil B. de Mille, como: Búfalo Bill, Corsarios de Florida, Unión Pacífico, en las que supo demostrar que podía interpretar papeles con más texto. En esta época, en la que trabajó especialmente para la Paramount, se casó con la hija de De Mille, Katherine, decisión que, lejos de ayudarle para progresar más rápidamente en la pantalla, le acarreó muchos inconvenientes. Su suegro Cecil era un hombre muy conservador, y Quinn todo lo contrario, surgían discusiones muy a menudo y aunque vivien en residencias separadas, Katherine se refugiaba en casa de sus padres y le acuso durante muchos años de ser un maltratador, cosa que nunca se llegó a probarse ante los tribunales. Anthony Quinn en numerosas entrevistas que le han hecho siempre silencia su vida privada, pero en cambio si habló sobre su admiración hacia DeMille y omitió cualquier referencia a los improperios de su esposa:

-" Fué impresionante trabajar con mi suegro, era un genio, un genio en todo el amplio sentido de la palabra. Manejaba como nadie el movimiento, el espectáculo, era minucioso hasta limites insospechados. Cuidaba a sus actores, no era su hijo, era un actor mas y así quiero recordarle siempre. En Búfalo Bill y en Unión Pacifico supo sacar de mí cosas que en aquellos años desconocía. Eso solo lo hacen los buenos directores, y el fué uno de los mas grandes. El séptimo Arte se quedaría cojo sin el nombre de Cecil B.DeMille.-"

 

SU FAMILIA

 

En los años cuarenta firmó un sustancioso contrato con la Warner, estudio que le proporcionó papeles muy interesantes y comenzó a labrarse una relación con actores y actrices de renombre. Intervino en Films de existo, como: Ciudad de conquista, Sangre y arena y Murieron con las botas puestas con su amigo de correrías Erroll Flynn. Obtuvo la nacionalidad estadounidense en 1947, y regresó al teatro para interpretar en Broadway The Gentleman from Athens y, sobre todo, Un tranvía llamado Deseo, como dije anteriormente en el papel de Stanley Kowalski, sustituyendo a Marlon Brando. Al éxito teatral se unió rápidamente el cinematográfico, pues ya le ofrecieron papeles más interesantes como el de Eufemio Zapata, hermano del líder campesino que interpretó Brando, en ¡Viva Zapata! de Elia Kazan, por el que recibió su primer Oscar de la Academia. De su incursión en Italia surgió otro sonado éxito por el complejo y difícil papel de Zampanó en La strada, de Federico Fellini, que alcanzó mucha notoriedad tras el Oscar que recibió la película. De nuevo en Hollywood, su papel de Gauguin, el amigo de Van Gogh en la película El loco del pelo rojo, de Vincente Minnelli, le sirvió en bandeja su segundo Oscar al Mejor Actor Secundario. Se mantuvo artísticamente entre Estados Unidos y Europa, con una prolífica trayectoria que, sin duda, le perjudicó a la hora de elegir mejor sus papeles. No obstante, estuvo siempre entre los repartos más interesantes de los años sesenta y alcanzó una excelente notoriedad por sus intervenciones en Los cañones del Navarone, Barrabás, Lawrence de Arabia, y muy especialmente, Zorba el griego, de Michael Cacoyannis, con la que obtuvo una nueva nominación al Oscar.

VIVA ZAPATA



Su estrella continuó brillando en todas las décadas siguientes, ello confirmaba la grandeza de un actor capaz de adoptar mil y una caracterizaciones y estar siempre a la altura de las exigencias del guión. Su popularidad estuvo siempre por encima de la rentabilidad de muchas de sus películas, como Las sandalias del pescador, La herencia Ferramonti, Los hijos de Sánchez, El león del desierto, Valentina o Fiebre salvaje.

Yo tengo una debilidad especial por ZORBA EL GRIEGO, LA HERENCIA FERRAMONTI, y por supuesto LA STRADA, para mi son tres exponentes de la versatilidad de un actor, registros totalmente distintos, y unidos por la extraordinaria presencia de un actor rustico y a la vez sensible, son excelentes e irrepetibles recreaciones de este monstruo de la pantalla. Son mis títulos, Films que siempre salen a la luz cuando hablo o pienso en él. Intentaré escribir sobre cada una de ellas, porque aparte de ser pequeñas-grandes obras maestras, son muestras de un cine que nunca morirá y al que en parte le debemos ese amor que por el Séptimo Arte sentimos todos, en especial este que escribe..
 

Anthony Quinn de adolescente solo estudió en establecimientos educacionales de su barrio, sin alcanzar a terminar sus estudios, por el fallecimiento de su padre, lo que lo obligó a buscar trabajos informales para ayudar a su familia. Aprovechando su contextura y su altura de 1,88, practicó el boxeo profesional con el mismo fin. Más tarde volvió a cursar estudios, especialmente de pintura, interpretación y arquitectura, obteniendo el primer premio por un diseño arquitectónico que realizó. Sin embargo, se sentía atraído por la carrera de actor y entró en el Actors Studio, pero su estancia duró muy poco. La disciplina de la Escuela no era precisamente un punto que le entusiasmase y se lanzó de pleno en el ambiente teatral, aceptando pequeños papeles. Su debut en el cine fué a los 21 años, como extra en la película The Milky way, y una colaboración en el film Parole. Por su apariencia "multiétnica" y su paso por el boxeo en sus facciones, siguió interpretando roles secundarios como nativo americano, mafioso italiano, gángster, chinos, árabes, filipinos e hispanos durante prácticamente toda la década de los cuarenta. Consiguió su nacionalización estadounidense en 1947, por lo que afortunadamente no participó en la Segunda Guerra Mundial. A fines de la década volvió al teatro, obteniendo un notable éxito en Broadway, sustituyendo a Brando en Un tranvía llamado deseo, como ya apunté. Continuó su carrera en series de televisión, pero le llegó la hora volviendo al cine en la película VIVA ZAPATA, de Elia Kazan, donde recibió su primer Oscar al mejor actor de reparto, siendo el primer actor hispano en lograr el premio y no como en la actualidad, que se lo dan a cualquiera....A buen entendedor con pocas palabras basta.... Sin embargo, su apariencia lo siguió encasillando en papeles de macho duro, interpretando a piratas y aventureros en muchas películas de capa y espada.

En 1953 realizó un viaje a Italia y quedo enamorado de la ciudad, de sus gentes, de sus costumbres. Así hablaba de Roma:

-" Es esa ciudad en la que sientes que tu ya estuviste allí hace cientos, miles de años. Todo te es familiar. Cuando pisé las calles estrechas que conducen a Trevi por ejemplo, sentí un frío inmenso...Aquello me era familiar....Estuve muchos años sin comprenderlo-"

En Roma después de participar en algunas películas logró el papel protagonista en ese ejemplo de puro cine que es LA STRADA, de Federico Fellini, film que ganó numerosos premios internacionales. Con éste film, inició una nueva faceta interpretativa, marcada por el dramatismo, la intensidad y la fuerza en los roles en que intervino, bajo la dirección de grandes directores como: George Cukor, Martin Ritt, Edward Dmytryk, John Sturges y Nicholas Ray, entre otros. También el paso a la madurez cambió mucho su aspecto físico, lo que le ayudaba a conseguir protagonistas de mucho carácter. Recibió en 1957 su segundo Oscar como mejor actor de reparto por la película EL LOCO DEL PELO ROJO, de Vincente Minnelli, sobre la vida de Vincent Van Gogh. Es destacable mencionar que Quinn aparece solamente ocho minutos en la película.

A comienzos de los sesenta y dentro de la moda “histórica” de Hollywood, interpretó impresionantes caracterizaciones en producciones de enorme presupuesto. En 1964 realizaría el papel que lo marcaría el resto de su vida, la interpretación del viejo Alexis Zorba en ZORBA EL GRIEGO, de Michael Cacoyannis, por el que fue nominado al Oscar como mejor actor principal. Quinn participó además como coproductor en el film, cosechando numerosos premios a lo largo y ancho del mundo. ZORBA EL GRIEGO no es un film corriente, es un retrato triste, pero real de un hombre envejecido que ansia su libertad, todo un clásico del cine y para todos los que amamos el cine, la consideramos una obra maestra total. En los últimos años de la década de 1960, interpretó memorables interpretaciones en las películas: LA HORA 25, LA BATALLA DE SAN SEBASTIAN, LAS SANDALIAS DEL PESCADOR, EL SECRETO DE SANTA VICTORIA Y LA HERENCIA FERRAMONTI, luciendo en todas ellas sus dotes histriónicas. Fue sin duda los sesenta, los mejores años de su carrera.


 

LA HORA 25

 


Anthony Quinn será siempre recordado posiblemente por ZORBA EL GRIEGO, pero no puedo resistirme de hablar de las que considero sus mejores aportaciones al cine de siempre, es mi forma de explicar mucho mejor como es este actor, sumergirnos en sus múltiples registros y sacar a la luz los Films que personalmente mas me impactaron a lo lago de su trayectoria cinematográfica. Quizá sea una nueva forma en mi estilo, pero lo creo innovador y atrayente, una manera al mismo tiempo de desgranar estas películas que nunca mueren y a las que todos recurrimos mas de una vez para sentir el arte.

 

 

 

BARRABAS

LA HERENCIA FERRAMONTI

ZORBA EL GRIEGO

LA STRADA

 

 

 

 

BARRABAS

 

 

En aquellos años de mi juventud y siendo un hombre tradicional como yo, no podía dejar pasar Semana Santa sin visionar esos clásicos bíblicos que todos los cines de Madrid solían programar por esas fechas. En esta ocasión, afortunadamente, no me vi obligado, sentí una atracción un tanto pecaminosa ver el rostro de Quinn envuelto en aquella piel, dejando a la luz parte de su anatomía y abordé BARRABÁS, una superproducción no tan conocida como LOS DIEZ MANDAMIENTOS, BEN-HUR o SPARTACO, pero mucho más atrayente e interesante de lo que me había imagino. Me adentré casi sin saberlo en la misma Biblia, me extasié como me pasa siempre que un film me impacta, y no fuí yo mismo hasta que finalizó esta inolvidable película, a la que tengo en un lugar muy especial, y en la que descubrí a una actriz que venero: SILVANA MANGANO. El film de Fleischer plantea como aliciente primordial la visión de aquellos primeros años de la Cristiandad a través de la mirada objetiva y escéptica de un ladrón, de un asesino, de un pendenciero: Barrabás. Un hombre que salvó su vida a costa de Jesucristo y cuyo destino quedaría inexorablemente ligado a la creciente y progresiva difusión de la palabra del Mesías. A diferencia de otras producciones bíblicas de carácter más lacrimógeno y aleccionador, Fleischer apuesta por vertebrar su historia en el terrible estigma que habrá de soportar Barrabás durante su vida. Dicho enfoque, notablemente marcado a través de la magnífica interpretación de Quinn, constituye el sedimento intelectual de un film no exento de esas secuencias espectaculares: el derrumbamiento de las minas de azufre, las luchas de gladiadores,… tan de moda en el cine colosalista de finales de los cincuenta y principios de los sesenta. Es un esplendido tributo, en suma, a ese oscuro reverso de la épica bíblica en la que Caín, Judas y Barrabás, personifican para muchos estudiosos la singular Santísima Trinidad. Para interpretar a Barrabás se barajaron nombres famosos del cine de aquella época, fueron muchos, pero para ser sinceros no creo que tuvieran problemas, pues la verdad es que Anthony Quinn borda sus personajes, dándoles ese aire de canalla, de ladrón o asesino y que le van como anillo al dedo. Es la típica película que, junto con otras en aquellos años no podían faltar en los cines.

En esta superproducción italiana los escenarios están bastante cuidados; Un Jerusalén impecable, las minas de azufre y Anthony Quinn danza entre los escombros de una historia extraída de la Biblia, regalándonos una magnífica interpretación. A pesar de su larga duración, no se hacia pesada en ningún momento. En general una película de buen visionado, con factura impecable, impagable y aún vista en este nuestro siglo XXI, me sigue emocionando, sigo admirando a este hombre de rasgos vulgares, de cuerpo moldeado por los dioses, y de registros incalculables. Quinn es un punto y aparte, BARRABAS consigue su propósito con facilidad hacia el espectador, pero ese BARRABAS tiene mas de un setenta por ciento de un profesional digno de mi total admiración, porque Quinn-Barrabás narra el periplo existencial de un bandido indultado, momentos antes de dictarse la sentencia de muerte a Jesús. Es la historia de un hombre arrollado por el torrente del destino y que lo persigue inexorablemente desde entonces hasta el final de los tiempos. Es el paradigma del maldito, la imagen del hombre marcado para siempre con el estigma del oprobio, el rostro que trasmite dolor en la conciencia de sus semejantes, porque en sus ojos se refleja la vergüenza de quien los mira, porque la atmósfera de soledad que le envuelve, se transforma irrespirable, asfixiante, inhumana, letal. Soledad física ante la crueldad humana y soledad del alma ante el imperturbable silencio de la trascendencia. Esa es la reflexión y a un tiempo. El reto que se muestra al cinéfilo inconformista, aquel que, bajo el manto de la recreación histórica o legendaria, busca como yo, algo más que batallas, héroes y atrezzo, puede decir que es una obra imprescindible. y una de las interpretaciones mas totales y convincentes de un brillante profesional del cine.

Qué sucedió exactamente con Barrabás, nadie puede saberlo. Es significativo, incluso, que existan partidarios de la teoría que Barrabás y Jesús de Nazaret fueron la misma persona. Richard Fleischer, épico y aventurero, echa mano para su BARRABÁS de la novela de Pär Fabien Lagerkvist, ganador del Premio Nobel de Literatura. Lagerkvist, de honda tradición religiosa, centra buena parte de su obra, como un Zaratustra del Siglo XX, en cuestión del bien y el mal. En el escrito que sirve de soporte al film, afrontando la citada dicotomía a través de los ojos del que quizá sea el más famoso bandido de las Sagradas Escrituras, parte de la idea de que nadie sabe lo que sucedió exactamente con Barrabás para ofrecer su condescendiente visión. Y eso llegó a fascinarme cuando vi la película, recuerdo que consulté muchos libros, estuve mucho tiempo analizando...pero me rendí y lo confieso con pena. Lo fantástico de la película de Fleischer, a mi juicio, es la transformación que se produce en el que acabó siendo, el primer templario de la historia universal. Barrabás. Anthony Quinn, espléndido como él solo, pasa de una incertidumbre primera y pueril, en los días en los que la muerte de Jesús le permitió salvar su vida, a un definitivo impulso postrero que le lleva a participar en el incendio de Roma en la creencia de que son los cristianos los que están perpetrando la triste acción. Al pobre Barrabás, duro y muy inculto, exonerado de su estigma original por la pluma del sueco Lagerkvist, sólo le basta la muerte para comprender al fin el mensaje de Jesús y la profunda diferencia que separa al bien del mal.

Anthony Quinn dijo sobre BARRABÁS:


-" Formidable, memorable el gran Gasmann, a pesar de ser muy criticado por la prensa por aceptar el papel, siendo un profundo ateo, interpreta el cristianísimo Sahek, mi amigo Jack Palance como malvado gladiador está brutal y mi querida amiga Silvana Mangano está preciosa. Años después y de la mano de Visconti esa belleza se convertiría en casi una escultura, pero fué una excelente compañera, una persona sencilla, reconozco que me sentía muy atraído por ella, pero en aquellos tiempos Dino de Laurentis tenía mucho mas poder que yo y tuve que olvidarla.-".

En mi particular universo cinéfilo el término medio no existe. La mediocridad, la vulgaridad, la futilidad... no tienen cabida. El cine, como cualquier otro medio de expresión artística, es bueno, magistral o nefasto. Perfecto o imperfecto. Evaluarlo de cualquier otro modo denota invariablemente inseguridad emocional, debilidad y decrepitud moral. Muchos de los amantes del cine y conozco a cientos de ellos, padecen dichos síntomas. Leed atentamente todo cuanto escribo, tal vez haciéndolo vuestro raquítico intelecto consiga abrigar un atisbo de esperanza. Aunque no lo creo. La plebe a veces es ciega o estúpida. Esto que estoy escribiendo puede parecer fuerte. Limitaos a leerme y fusiladme después si preferís seguir nadando en ese océano de estulticia que a veces puede rodear vuestra existencia.

Barrabás” no es una superproducción más. El film de Fleischer es un clásico con tintes de obra maestra e inequívocamente, la obra cumbre del género épico. Olvidar “Ben-Hur”, “Espartaco”, “Cleopatra” o “La Historia más grande jamás contada”..... BARRABAS es la ÚNICA historia más grande jamás contada. La historia de un hombre al que el pueblo indultó en perjuicio de Jesucristo y que, en consecuencia, tuvo que cargar sobre sus robustas espaldas el escarnio y la infamia de la cristiandad entera. Algo que solo una fuerza de la naturaleza, sería capaz de soportar.

Afortunadamente el actor escogido para interpretar tan difícil papel fue Anthony Quinn. Su abyecto perfil encajaba extraordinariamente bien con la siniestra personalidad del protagonista. Se dijo que se habló con Jack Palance, el mejor villano del cine, pero al final, afortunadamente no fué él. Como anécdota y para finalizar, Palance fue requerido para asumir el personaje de Torvald, jefe de los gladiadores. Un ser fascinantemente diabólico que protagonizó junto a Quinn una de las secuencias de lucha circense más extraordinarias de cuentas yo recuerdo.

 

LA HERENCIA FERRAMONTI

 

Esta película esta impregnada de un erotismo subterráneo que a veces nubla la vista del espectador. Tal vez su director quiso darle el tinte de los sentimientos que vivía entonces, pero indudablemente falló para mi, LA HERENCIA FERRAMONTI, es como NOVECENTO, una película coral, política, familiar, describe una saga italiana, bajo una sociedad que se desmorona en vistas a un cambio total. Ambas son mis fetiches, amo las dos y tal vez algún día escriba sobre NOVECENTO, de Bernardo Bertolucci, pero para ello necesito volver a visionarla, exprimirla, alimentarme de sus bellas secuencias, como ahora quiero hacer con todo un clásico como es LA HERENCIA FERRAMONTI. Os aconsejo que la veáis, es soberbia.

Estamos en la Roma de 1880. Gregorio Ferramonti (Anthony Quinn) ha decidido cerrar su panadería, el negocio familiar del que vivía toda su familia. A continuación, les comunica a sus hijos Pippo (Gigi Proietti), Mario (Fabio Testi) y Teta que tendrán que buscarse la vida por sus propios medios. Pero también está Irene (Dominique Sanda), la mujer de Pippo, una hermosa, calculadora y ambiciosa joven que se ha propuesto adueñarse de la herencia. Actuando con inteligencia, sopesando cada paso que da y sus posibles consecuencias, llega a convencer a los hermanos de que deben impedir a toda costa que su padre se vuelva a enamorar para no correr el riesgo de perder la herencia. Esto es en suaves rasgos el tema central de este film. Un melodrama social centrado en el ascenso de su ambiciosa protagonista y en las intrigas en el seno de una familia pequeño burguesa enriquecida. Basada en la novela de Gaetano Carlo Chelli, narrada con el habitual preciosismo de su autor. Su evidente atractivo visual no impide que por momento adolezca de una intensidad dramática, que bajo mi punto de vista hubiera sido buen eje central. Es un muy convincente drama familiar auspiciado por la mano de Mauro Bolognini, afamado director italiano de filmografía un tanto irregular, pero aquí se embarcó en una historia singular de ambiciones y personajes, una estirpe, los Ferramonti, compuesta por tres hermanos en continua disputa por la herencia de su inclemente padre, interpretado por un Anthony Quinn magistral, que se niega en rotundo a otorgar sus bienes. En medio de tan encarnecida lucha aparece Irene, una maquiavélica Dominique Sanda, la cual casándose con uno de los hijos, Pippo, irá paulatinamente curtiendo una trampa mortal que sacie sus ansias de poder y riqueza. Un personaje que bajo la presencia de la Sanda se torna altamente ambiguo, pues en su peculiar y angelical devenir, se crece gigantesca, de manera alarmante, por su sed de lujo y acaparamiento. Una interpretación nada piadosa de una dama que utiliza brillantemente sus armas para esparcir su veneno a modo de cruel mantis religiosa por las entrañas de esta desgraciada familia burguesa que lentamente va cediendo las riendas de su vida a una Irene inteligente y manipuladora. Un fiel retrato de lo que la mujer puede engendrar en el interior de una familia.

Película de exquisitez formal admirable, cuidada al máximo, mimada en todo momento por su director, pero que a primera vista puede resultar tibia, cambiando paso a paso. Algunos aspectos carecen del limado esperado pero otros se adaptan someramente al interés de su creador, el de surtirnos con una novelesca historia de ascensión y tragedia, un equiparado conflicto dramático que advierte de los peligros de las ambiciones y anhelos en el entorno de una disfuncional familia en la Roma de fines del XIX, a la que una mente fría y calculadora de mujer, conseguirá poner en jaque a todos sin el menor de los esfuerzos. Sobria y elegante LA HERENCIA FERRAMONTI, es una obra magistral, que podría haber aspirado a mucho más, pero se coloca en un lugar preferente, donde el cine italiano sabía permanecer como buen reflectante del cine europeo, a mi me recuerda su similitud con MAS ALLÁ DEL BIEN Y DEL MAL, de la italiana Liliana Cavani, aunque con sus enormes diferencias plásticas-eróticas, que Bolognini solo deja entre visillos, cuando da rienda suelta al personaje de la siempre estimulante Dominique Sandá.

Para mi lo mejor son los momentos de enfrentamiento entre Quinn y Dominique Sandá, y algo que me sobrecogió: La utilización de la lluvia en las primeras secuencia del film, elemento que parece presagiar los acechantes acontecimientos que se ven venir. También su banda sonora, bella y reposada partitura de Ennio Morricone, autor con el que Bolognini tuvo una estrecha y longeva colaboración. Y lo peor es el insufrible y atractivo Fabio Testi, en un cometido al que no logra inyectar ni pasión, ni ganas y precipitado su desenlace de manera poco académica. La inclusión de Testi en el film se comentó durante tiempo que era imprescindible, Mauro Bolognini y él fueron amantes. Pero insisto y a pesar de ello, fué una equivocación incorporarle en tan notable y bello film.

Es muy factible tachar de pretencioso a un director que hace una película así, digamos que es de fácil crítica, pero desde mi punto de vista, es una gran elección, un riesgo que demuestra personalidad y convicción. Por otra parte, toda interpretación de la realidad social no deja de ser eso, una interpretación, por lo que es obvio que todos tengamos nuestra particular forma de interpretarla en nuestra mente.


 

ZORBA EL GRIEGO.

 

He aquí un título y un director que no suelen aparecer demasiado juntos y que, como veremos, merece una atención muy especial. Vi ZORBA EL GRIEGO por vez primera en el cine Amaya de Madrid y puedo decir abiertamente que siempre hay un antes y un después en mi admiración hacia Anthony Quinn, después de esta soberbia interpretación. Sus escenas y pasajes se quedaron grabadas de forma indeleble en mi memoria. No sabía nada de Michael Cacoyannis, otro precursor del cine independiente. Un hombre que desde sus inicios en el 53 conoció el éxito, y tuvo siempre muy claro que sus películas las escribiría, dirigiría y produciría él, siguiendo el ejemplo de otros grandes directores, porque siempre su forma de entender el cine pasaba por tener desde el principio libertad de creación y control absoluto de la obra hasta el final. Nació y vivió en Chipre. Estudió derecho por imposición paterna en Inglaterra, pero pronto vio que eso no era lo que le gustaba. Se preparó y se hizo actor, pero tampoco le satisfacía ese trabajo y empezó a escribir guiones que, al presentarlos a las productoras, le decían que eran guiones de director, que debería dirigir una película. Se fue a Estados Unidos a buscar financiación, pero, a pesar de excelentes promesas recibidas de importantes personalidades del cine, después de tres meses, tuvo que volverse con las manos vacías. Solo en Grecia encontró su punto de partida.

Yo soy un historiador enfermizo del cine, pero nunca había leído nada de Nikos Kazantzakis, a pesar de ser por entonces un escritor de fama internacional, autor de la novela Alexis Zorba, que sirvió de base para el guión. Sus hechos partían de la experiencia incomparable de haber conocido y convivido con el propio Zorba en la segunda década del pasado siglo y años después haberle incluido entre las personas más influyentes que conoció en su vida de escritor, junto a Bergson, Nietzsche, Homero y Buda. Reconozco que la novela Alexis Zorba es sensacional, la leí con avidez después de ver el film, influenciado mucho por Quinn, pero también por aquellas gentes, los parajes, las costumbres y el dramatismo que derrocha la novela.

Yo había admirado mucho a Anthony Quinn en Los dientes del diablo y Viva Zapata, y en otros cientos de films que podría enumerar, pero sentía curiosidad y ganas de seguir absorbiendo imágenes del actor, era mi vicio en aquellos años jóvenes. En aquella época en España se hablaba poco de los directores... "Las verdaderas estrellas de la pantalla", como se los titulaban en los cromos que todos coleccionábamos, porque eran ellos: los actores y actrices, los que llevaban el público al cine. Solo que yo ya reparaba en los especialistas, el director, la banda sonora, los juegos con la cámara y la dirección artística. ZORBA EL GRIEGO es un mosaico para gozar como una autentica bestia en celo, un cántico a la existencia humana...¿Qué mas cosas pueden acercarnos al buen cine?.

 ZORBA en un sensacional retrato de un hombre que pese a los múltiples fracasos y desgracias por los que ha pasado, conserva bajo su equipaje de arrugas y cicatrices el gusto por la danza, el vino, las mujeres, el trabajo, en una palabra: por la vida. Carismático y excesivo, Zorba es ya un personaje de culto en el cine, magistralmente interpretado por un Anthony Quinn, de rasgarse las vestiduras y creo que pasará siempre a enriquecer la galería de las mejores interpretaciones clásicas del séptimo arte. Se comenta que Antonio Banderas ha adquirido los derechos de la película para hacer un gran musical, e interpretar él mismo el papel de Alexis Zorba, pero los preparativos se van aplazando, solo deseo fervientemente que con la historia traspasada al musical, unimos la presencia y la voz de Banderas, será algo digno de ver.

Recuerdo que salí de ver la película impresionado, fue una de esas ocasiones en las que uno siente que mi amor al cine va calando muy hondo. Que algo se te está revelado en esas dos horas y pico que pasé sentado frente a la pantalla. No olvido que fué una noche lluviosa de sábado, pero a la salida no sentí la humedad de la lluvia, ni cuales eran mis pasos a seguir, solo era una presa mas de la magia que desborda ZORBA EL GRIEGO, y el inmenso trabajo de Anthony Quinn.

 

La fuerza del personaje de Zorba, la intensidad y la excelencia de la fotografía en blanco y negro de Walter Lassally, por la que consiguió otro Oscar para la película, la ambientación de principios del siglo XX en un pequeño pueblo del sur de la isla de Creta. La dirección artística Vassilis Photopoulos también obtuvo su Oscar, la banda sonora, a cargo de Mikis Theodorakis,  compositor y trabajador incansable, con una producción musical y literaria inmensa, y al que no conocí hasta ese momento, subrayaba toda la película, dejando un recuerdo imborrable en el espectador. Los diálogos de Anthony Quinn, hablando de una libertad quijotesca, dejando frases como un poco de locura es necesaria en el hombre para cortar la cuerda que le impide ser libre. En una época en el que sufríamos la dictadura en España, producía una cierta inquietud, un deseo de entender bien sus palabras. Los intentos aperturistas de entonces permitían a la censura levantar la tijera y dejar que viéramos un desnudo integral del protagonista, de espaldas, corriendo alejándose hacia el mar, o breves secuencias en las que la mano de Alexis juguetea y se posa, oprimiendo el seno de madame Hortense y Buboulina, interpretado por la actriz Lila Kedrova, que también obtuvo Oscar por su papel, mujer madura y de vuelta de una vida azarosa y alegre en los cabarets de París. Las ganas de vivir y el entusiasmo para afrontar proyectos imposibles y ser capaz de contagiar al escritor y heredero, Basil, (Alan Bates), de una mina en la isla, y sin embargo pobre en vivencias y vitalidad, al extremo de verse a sí mismo anulado, frente a la fuerza de la naturaleza que observaba en Alexis Zorba, un hombre maduro, rudo y ajeno por completo a estudios y letras. Sus declaraciones vitalistas y defensoras de la vida y la amistad frente a las guerras entre los hombres, y las fronteras que dividían países en otro tiempo hermanos. Basil se sorprende y admira la forma de llevar las contradicciones como ser humano, a veces solidario y valiente defensor de la mujer como valor supremo de la vida, y otras despreciándola, tratándola como el peor misógino. Todo ello era una dosis tan alta de estímulos para mí en dos horas y media de proyección, que en cierto modo maduró mi intelecto en cuestión cinematográfica. Nunca olvidaré aquella noche lluviosa de un sábado cualquiera, en un cine de Madrid, porque supuso una experiencia inolvidable.

Pasaron los años y volví a ver la película por televisión, y comprobé que no envejecía. La historia y la aventura que se narraba seguían manteniendo el mismo interés, despertaba en mí el mismo deseo de seguir viendo y escuchando atentamente hasta el final. Seguía disfrutando con la energía de Zorba, con la música y el baile liberador que suponían su válvula de escape, con su drama y humor. Crecía el interés por la opresión que ejercía el pueblo sobre la bella viuda joven y su valor para enfrentarse y rechazar a tantos hombres como la deseaban, hasta ganarse su respeto, y el rechazo incluso del más joven y dispuesto a todo por su amor, y su decisión de aceptar al extranjero Basil, afrontando las consecuencias que traería tal decisión. Consecuencias trágicas descritas en escenas clave dignas de revisar. La relación que establece Zorba con madame Hortense, Buboulina como él llama cariñosamente a la dueña de la pensión donde se alojan Basil, su jefe y él, es otro apartado, otra historia perfectamente encajada en el conjunto pero ajena por completo al ambiente cerrado de la isla. La ternura y consideración al tratar sus locuras de vieja cabaretera parisién, retirada en una isla, tan primitiva y distante en costumbres con la vida que ella conoció en París, supone un contraste tan fuerte que añade un ángulo punzante, amplio y estremecedor de todo ZORBA EL GRIEGO.

En la parte final, el viaje de Zorba a la ciudad en busca de utensilios para llevar a cabo su locura mayor y su demora en el regreso y lo que vive allí es para no olvidar: la carta enviada desde la ciudad, sus consecuencias, todo ello constituye otra historia independiente digna de ver con atención. Finalmente el experimento con los troncos bajando por el funicular suponen el broche de oro, que desemboca en la danza final y la reflexión con la que se cierra la película. Ocurre a veces, que la unión de talentos cuya pasión por diversas artes son capaces de dar vida a un proyecto, dan como resultado una obra redonda imperecedera. Este es el caso de ZORBA EL GRIEGO, tuvo enorme éxito en su día y consiguió premios y prestigio hasta el punto de dar a conocer internacionalmente al autor de la novela, cuya fama de gran escritor en Grecia era una realidad, y según parece, de haber vivido unos años más, probablemente habría conseguido el premio Nobel. El mismo Albert Camus, reconoció públicamente cuando le dieron El Novel, en competencia con Nikos Kazanzakis, que el griego lo merecía cien veces más que él.

 

Produce una cierta ansiedad comprobar que es inabarcable, imposible llegar a tiempo de contactar con tanta maravilla, mientras al mismo tiempo, perduran males al parecer sin solución como la guerra, el hambre, la injusticia, la corrupción..., y yo me pregunto: ¿Mientras vamos viviendo, hacemos lo posible por orientar nuestras acciones hacia el lado que nos hace mejores compañeros de viaje? ¿Puede ayudar el cine a mejorar a las personas?, estoy convencido que la respuesta es afirmativa, siempre y cuando veamos, amemos y comprendemos el cine como ese cristal aún sin rasgar, en el cual deberíamos mirarnos de vez en cuando.

 

 

LA STRADA.

 

LA STRADA es mi ojito derecho, la amo como se ama la vida, la venero como se venera una imagen y su música me embelesa siempre que la escucho, para este cinéfilo no es un film cualquiera, es el film y paradigma del neorrealismo. Refleja de manera sensible y brutal a la vez el esperanzador periodo de postguerra italiano, donde la cámara del cineasta se adentra en las miserias de una sociedad resignada, miserable y desposeída siquiera de un mínimo de dignidad humana que les sirva de aliento en el curso vital de una nación golpeada por el infortunio y el desengaño...Donde precisamente aquella miseria generalizada servía de nexo de unión de las conciencias colectivas suficiente para impulsar nuevos bríos en la tradicionalmente alegre península mediterránea...

Junto con sus dos obras anteriores, exponentes del neorrealismo felliniano; EL JEQUE BLANCO y LOS INÚTILES, son dos películas más accesibles en la filmografía de Federico Fellini, lejos de aquella por momentos maravillosa perspectiva irónica-onírica de su particular universo creativo de obras posteriores...Con una irrepetible banda sonora de Nino Rota, su colaborador hasta 1979, fecha de su muerte, con la realización de ENSAYO DE ORQUESTA, maravillosa sintonía que la desgraciada Gelsomina y su trompeta, el único instrumento junto con el tambor que aprendiera a tocar durante su periplo por la vetusta Italia de la mano de su protector, el forzudo Zampanò, un soberbio e irrepetible Anthony Quinn)... La bella fotografía en blanco y negro, retratando la miseria de un país destruido y abatido, en pleno proceso de reconstrucción, y en mitad de una miseria devastadora... retrato sórdido y realista de un país en descomposición-deconstrucción...

Desde los primeros momentos, cuando Zampanò compra a Gelsomina por 10000 míseras liras, vagando en aquella destartalada motocicleta con chiringuito y carpa detrás incorporados a modo de caravana, con la inscripción de su nombre, una sirena y un búho...durante aquel maravilloso periplo por la Italia de postguerra en espectáculos ambulantes y formando parte de aquella colección de personajes resignados, que combatían a duras penas la miseria y la pobreza con la alegría de la ingenuidad, los más pequeños y con la dura y diaria supervivencia, los mayores...Giulietta Masina, esposa de Fellini, compone una de las interpretaciones más fascinantes en la historia del celuloide, con claras reminiscencias del Chaplin en “La quimera del oro”. Para Anthony Quinn será junto con “Zorba, el griego” su actuación más convincente y cautivadora...Una verdadera O B R A  M A E S T R A.

Una de mis mayores obsesiones cinéfilas, es el ‘criterio 10’. Un criterio según el cual los amantes del cine concedemos a algunos de nuestras films favoritos, la máxima condecoración fílmica: las diez estrellas. Pues bien, a “La Strada” de Fellini –según mi criterio-es producto de culto y roza de sobra el criterio lO. De momento, sin embargo, mantendré a “La Strada” en mi particular limbo cinéfilo. Un lugar en el que “Ladrón de bicicletas”, “Los olvidados” o “Dersu Uzala” aguardan estoicamente ese puntito extra que les niega quien esto suscribe. Y se lo niego porque les debo un nuevo visionado. Porque deseo volver a disfrutar con ellas. Porque presiento que algo se me pudo escapar. Algo sutil, imponderable, sublime... Algo que las hace acreedoras de esas diez estrellas,escamoteadas por una sensibilidad y un background de discreto pelaje: El mío. Aún así, permitidme analizar el film de Fellini bajo el prisma de algunos colegas, cuyo ‘criterio 10’ es mucho más ilustrado y consistente que el mío. Para empezar diré que constato en “La Strada” ‘un alto dominio del lenguaje cinematográfico’, Una perfecta simbiosis entre forma y fondo, entre estética y narración, que constituye la piedra angular sobre la que debe edificarse cualquier obra maestra. Superado con éxito ese primer requisito esencial, insisto que la película de Fellini cuenta con dos personajes muy bien definidos: Zampano y Gelsomina (Giulietta Massina). Dos personajes que te hacen partícipe de algo, que te tocan la fibra y que instintivamente incorporamos a esa base de datos cinéfila en la que se encuentran, Vito Corleone, Norman Bates o Scarlett O’Hara.

Ostentando semejantes credenciales tan sólo me quedaría certificar si su potencial emotivo es capaz de calar hondo o de suscitar en el espectador sentimientos profundos. Una facultad sólo al alcance de los grandes Films. Entre ellas, las diez estrellas. Pues bien, quien no consiga emocionarse con la cándida Gelsomina o con el rudo Zampano que deje de ver cine y se dedique a otra cosa. “La Strada” posee, por si fuera poco, otro valor añadido: su perspectiva histórica. Una perspectiva que pone de manifiesto su trascendencia cinematográfica y que evidencia su indiscutible condición de gran reserva. Mención aparte merece su banda sonora. La música de Nino Rota casa bien con el discurso del film y sugiere ideas y sentimientos relacionados con el tema. No resulta descabellado, pues, considerar que “La Strada” es, efectivamente, una obra plena, definitiva, cuya sensación duradera y envergadura poética posibilita que, cualquier día, la historia de Zampano y Gelsomina, pueda hablarse al mismo tiempo de mi.


Este film Italiano de la época del neorrealismo, aquella donde se hacían películas con dos pesos y actores que no conocía nadie, nos antepone a una historia que debería ser ternura al mil y debiera remover nuestras tripas más sensibles ante tanta desgracia de la pobre Golsemina, pero a mí me movió todos mis músculos y me puso el pelo de gallina. Así es amigos, pude ponerme del lado de Golsemina, ni tampoco logre odiar a Zampano, Está claro que la dirige Fellini, un genio del cine italiano, que aún deseo volver a ver el resto de su obra, para escribir mas de este genio irrepetible y uno de los padres del neorrealismo italiano.



LA STRADA, hay que verla antes de morir: Solo si eres cinéfilo y admiras el cine y sus tendencias, puedes hablar así, para poder hacer comparaciones o encontrar inspiraciones en las cintas de celuloide que se nos brindan antes de partir a ese mundo donde no se vuelve...

Con una banda sonora, fondo musical de este trabajo que, te hace vibrar.
 

 

 

En la década de 1980 participó en varios Films, sin mayor notoriedad, pues eran colaboraciones...de entre ellas quiero mencionar el D.Pedro de UN PASEO POR LA NUBES, una excelente película. Pero en la década de 1990 comenzó a aparecer en varios fims de gran importancia, aunque en muchas utilizaban su prestigioso nombre para reforzar la publicidad. Ese mismo año aparece junto a los actores Kevin Costner y Madeleine Stowe en un film que a mi me pareció una estimable película: REVENGE, donde Quinn interpreta a un marido engañado.

 Su último trabajo fué como jefe mafioso en la película VENGANDO A ANGELO, junto al mediocre Sylvester Stallone y la siempre estimulante y desperdiciada Madeleine Stowe



Fue un león, un monstruo de la interpretación, un grandísimo actor que realizó con un talento innato numerosas películas a lo largo de su carrera; como actor secundario solía opacar al actor principal y cuando era el protagonista su participación era simplemente de matricula de honor.

Tristemente falleció en Boston en 2001, a los 86 años, como consecuencia de una neumonía.

 

DESCANSA EN PAZ MI QUERIDO ZORBA