ESCRIBIRME

 

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EL PADRINO

PRIMERA PARTE

 

 

 

 

 

 

 

 

 



El efecto que causó en mi "El padrino" es increíble, es la potente sensación de estar degustando auténtico cine desde el primer hasta el último instante... muchos hablan sobre que la secuencia de la boda es larga y algo aburrida, y a mi me parece una presentación de personajes descomunal: Desde Don Vito hasta Johnny son definidos y caracterizados de un modo espectacular, nada chirría, todo tiene su significado, ni un sólo actor desentona, ni un sólo encuadre es desacertado... en definitiva, asistimos a un arranque que te deja suspendido en su historia, en su ambientación y en todos aquellos conflictos presentados de forma absolutamente impecable. La elegancia y la sinuosidad con que se mueve todo, hacen que cuando llega el auténtico clímax uno esté expectante, palpitante ante esa calma tensa, fría, abrupta, turbia y gradual que se da cita en esos momentos donde todo llega a extremos inhóspitos, donde la venganza permanece como un instinto secundario con tal de proteger y cobijar todo aquello que es propio, que nos acompaña y nos arropa. Y es que, tras un arranque esplendoroso, su desarrollo aun se retuerce más y te envuelve en un relato en el cual los acontecimientos empujan imprevisiblemente a sus protagonistas y les desbordan, les oprimen, les ponen en la punta del iceberg, en una cuerda tensa y fina que, en cualquier momento, podría romperse, temblorosa, y dejarles inmersos en la más absoluta angustia. Los intérpretes en "El padrino" son anulados, no existen, el personaje se desvanece y deja paso a la persona, a personas que te dejan en el borde del abismo, que marcan tu afán por seguir sus pasos, comprender su inquebrantable honestidad hacía todos aquellos seres a los que aman y aprecian, en definitiva, hacía su propia familia, al lado de la cual han medrado, han aprendido y llegado a ser lo que son, y han pulido sus virtudes y desarrollado sus defectos, que se destapan una y otra vez, que aparecen sin reparos, impulsivamente, y que te dejan extasiado y en un estado de cautela sepulcral, que te hace enmudecer y observar en el más absoluto silencio cada gesto, cada mirada, cada movimiento con tal de comprender porqué sucede lo que sucede y cuan intensos pueden llegar a ser los sentimientos de cualquier ser humano.

 

 

 

 

Hablar sobre planos, fotografía, movimientos de cámara, encuadres, vestuario y demás sería quedarse en la más absoluta nada tras seres que te dejan encogido en la butaca y sin parpadear ni un sólo momento. Y eso que la banda sonora se te queda grabada, porque por mucho que Vito, Sonny, Michael, Tom o Kay capten tu atención del todo, genialidades como la de Nino Rota nunca pasarían desapercibidas. Jamás. Tú lo que tienes que hacer es planificar un día en el que te apetezca ver una gran película, posiblemente la mejor que se haya hecho, y sin duda LA MEJOR historia de la mafia junto a la genial serie “Los Soprano”. Asegurarte de que durante 4 horas, para no ir con el tiempo justo, NADIE te va a molestar, acomodarte lo máximo posible y prepararte para disfrutar del cine en su estado más puro, disfrutar de “El Padrino”. ¿Cuántas veces he dicho esto a familiares, amistades y otros compañeros?, ¿cientos?, ¿miles? no sé.., el caso es que cada vez que tengo esta conversación con alguien me corroe por todo el cuerpo una potente envidia sana. Envidio a cualquiera que no haya visto la primera parte de la gran obra maestra de Coppola y a las futuras generaciones de cinéfilos que la verán. Envidio a todas y cada una de las personas que no conocen al inmenso Vito Corleone y a su familia, a todas aquellas que aún no se han conmovido con una de las películas de mi vida y que experimentarán las mismas sensaciones que yo y muchos otros tuvimos cuando la vimos por primera vez; y les envidio más si cabe porque hay una segunda y tercera parte. Envidio a quienes todavía no conocen a Santino, a Michael, a Fredo y a Connie Corleone, y a cualquiera que no sabe que significan las naranjas en el mundo de la mafia o cuál es el truco para cocinar unas buenas albóndigas. También envidio a los que piensan que Sollozo, Barzini, Cuneo, Stracci o Tattaglia simplemente son apellidos italianos y a quien nunca fue seducido por la perfecta ambientación de “The Godfather”, la música de Nino Rota y la excelente fotografía de Gordon Willis.... Envidio actuaciones magistrales como la del siempre excepcional Marlon Brando, como la de Al Pacino, Diane Keaton y James Caan, y aún me dan más envidia quienes no se emocionan todavía al escuchar nombres como Robert Duvall o John Cazale.


 

Envidio a cualquiera que no sabe que pasó con el caballo de Jack Woltz, a quien desconoce dónde está el restaurante Louis; para los que nombres como Tessio, Carlo, McCluskey, “El Turco”, Moe Greene, Al Neri o Luca Brasi no significan nada y, como no, a quienes no saben que es una vendetta o dónde se encuentra un pueblo llamado Corleone. Envidio y siempre envidiaré a quien todavía no ha visto la trilogía de “El Padrino”. Pero sin duda, a quien más sanamente envidio, es al gran Francis Ford Coppola por ser capaz de regalarnos, magistralmente, la más grande historia de la mafia, con los mejores personajes y mejores actuaciones. La suma de virtudes, de “El Padrino” es una amplísima y gozosa suma de virtudes, suele dar como resultado la ausencia de defectos. Esta película es el mejor ejemplo, un mecanismo que funciona con solidez indiscutible. Sin embargo existen virtudes de mayor jerarquía que otras. Todos los sistemas filosóficos suelen destacar una o varias por encima del resto y yo creo que en una obra de arte es el estilo esa máxima virtud. Dicho de otra forma, el estilo refleja el alma del artista a través de un conocimiento adquirido llamado técnica. Complicado situar esto en un medio como el cine, en el que hay tantas voluntades manoseando la obra. “Amanecer” de Murnau es estilo en estado puro, nadie lo puede negar, invención pura. Pero no hay que irse tan alto; muchas películas iniciadas como encargos ajenos al que las dirige “El Padrino” fue exactamente eso, son obras maestras, merced precisamente al poder de esa benigna carcoma llamada estilo, que arrasa cualquier estructura convencional hasta convertirla a veces en vanguardista. Hitchcock lo hacía casi por diversión.  ¿Es ”El Padrino” la expresión máxima del estilo de un genio llamado Coppola?


 

 

 

 

Yo creo que, es su mejor película, la mejor película filmada por él, la mejor película en la que Coppola aparece tras la expresión “Dirigido por…”. Pero no creo que en “El Padrino” el estilo cinematográfico alcance una cumbre. El trabajo del fotógrafo Gordon Willis es técnicamente revolucionario; el trabajo de Coppola navega con el viento a favor que Willis le proporciona y es en todo momento espléndido, justo, perfecto, sin una sola vacilación. Pero no hay gran inventiva, no hay gran riesgo, apenas hay juego visual, en suma, hay mucho talento, no hay genio. En “El Padrino” la persona que rueda se comporta como si todo en el cine se hubiera inventado ya. Y acierta invariablemente, proporcionándonos seguridad. Para mí, una película 10, es una película en la que hay un individuo inventando un lenguaje para llegar al milagro de la emoción. Quizás - y digo quizás, ya anuncié que esto es una especulación- en eso radica la distancia que separa a los que opinan que esta película es el paradigma del Cine y los que opinamos que ni remotamente lo es: en ver el Cine como una expresión artística colectiva o individual. Vito Corleone, rispetto per favore, capo de la Cosa Nostra Americana, temido pero admirado, justo, hace pequeños negocios sin importancia para el sustento familiar, prostitución, juego, cosas ínfimas que me dan para ir tirando, sin caer en la droga, nada bien vista en círculos políticos y familiares. He dejado que un actor que no insultaba a mi inteligencia, el bestial Marlon Brando lleve a mi persona al cine, para ellos se ha metido algodones en la boca para parecer más feroz, ha copiado la voz a queridos compañeros del mundo del hampa y ha conseguido mi ternura, mi clase, plasmar al completo mi imagen mafiosa pero cercana, el amor por sus hijos, el respeto por la historia de la Familia ¡Michael ha sido interpretado por un desconocido, cosa que estuvo a punto de costarle a mi querido director Coppola unos zapatos di cemento, pero el ragazzo, un tal Al Pacino, buen nombre italiano, el Al da raza a cualquier mafioso, me conmueve el personaje. Un gran chico el bambino, quería estudiar, se me fue a la guerra, y pasaba completamente de la Familia, Pero ¡La sangre!, lo grande que es la sangre, hizo que optara por sustituir a su padre, con su gran inteligencia, tutto testa mi Michael. Y Al Pacino lo borda, en imágenes cinematográficas, un capo, un auténtico capo Corleone, el cerebro, la tranquilidad, la mirada fría y calculadora, Sonny, querido Santini, El coladori, llamado burlonamente por algún que otro listillo fallecido por accidente, naturalmente. Lo interpreta con la garra propia de mi amantísimo hijo, James Cann, que se fuerza, con entusiasmo, veía a Santini en su imagen, su ira, su personalidad arrogante y brutale, mi capo, mi piccolo capo… ¡Magnifico James!

 

El pobre Fredo interpretado por Jhon Cazale,  sin personalidad, estúpido, un mal Corleone al cual le mandan a las Vegas, allí no molestará, el actor consigue ser Fredo, la mancha de la Familia, aunque tosos le quieren mucho finalmente el abogado, un hombre limpio, Tom, hijo adoptivo, al que siempre mandan lejos de los negocios sucios, el tenía que proteger a la familia desde la legalidad, tenía que estar limpio. Gran actor Duval para su personaje, da el pego, magnifico....¡Gran actuación!. El resto de la familia interpretada por buenos actores, saben sacar adelante los papeles de la hija, con el descerebrado yerno y mis magníficos amigos, que protegen las espaldas y el honor familiar, grandes hombres, grandes actores. Por último  Coppola, ¡Que grande!, magnifica dirección, fabuloso. Incluso para dar una alegría a mi apadrinado Antipseudini. sacó en una escena a su hija Sofi, el gran amor de Corleone....En mi humilde opinión, es lo mejor que se ha hecho en toda la historia del Séptimo Arte. El talentoso Mario Puzo encontró un alter ego en Francis Ford Coppola, y ambos se lucieron. No sólo es la historia de la mafia mejor contada, sino que es un verdadero drama familiar, en el que las armas quedan en un segundo plano. Sus personajes son tan humanos, tan reales, que uno termina involucrándose. Marlon Brando  tuvo la doble fortuna de interpretar el mejor papel de su vida, y de compartir con la crema y nata de la actuación estadounidense: Al Pacino, el vibrante James Caan, el portentoso Duvall, las geniales Keaton y Shire, el sutil Cazale. De otro lado, el trabajo de fotografía y la excelente banda sonora (elegantemente sombría: nada mejor para la ocasión), junto al inteligente manejo de cámara, son un encanto para el buen cinéfilo. Podría decirse que nadie ha vivido enteramente si no ha visto, una vez al menos, este prodigio.

 

 

 

 

He aquí algunas escenas memorables:


 La entrevista de Don Vito y Bonasera: todo el carácter (ponderado, calculador, narciso a su manera) del patriarca Corleone en su máxima expresión.


 El caballo decapitado en la cama de Woltz. Finísima expresión de violencia, en la que la música y el efecto visual de la sábana ensangrentada rememoran los mejores momentos de Hitchcock.


 La visita de Mike a su padre convaleciente, y el encuentro con los matones

La escena en la que Mike (Al Pacino) quita la palabra a Tom (Robert Duvall) y Santino (James Caan), elabora el plan para aniquilar al Turco y desacreditar al corrupto policía. Se nota cómo se posiciona el mando de la familia Corleone: inteligencia y decisiones puras. Coppola supo hacerlo: lo sentó en el sillón de mando y fue enfocándolo lentamente, hasta lograr un primer plano.

La muerte del Don, jugando con su nieto. Hermosa y conmovedora.

El final, tan brutal como fascinante: el metódico Michael da el zarpazo y todos sus enemigos son eliminados. Es una sucesión de imágenes tan impactantes que uno queda sin aliento.

Y eso sin contar la ternura del romance de Mike con Apolonia (y la horrenda muerte de ella).

La eficiencia y lealtad de Tom (abogado de la familia), la zurra que Sonny le propina al miserable Carlo...

 

 

 

El Padrino es una caja de sorpresas, en la que hasta el detalle más ínfimo resulta valioso, en la que el espectador encontrará tanta calidad que quedará anonadado. Gran film de Francis F. Coppola, quinto de su filmografía, realizado cuando tenía 32 años. El guión, de Mario Puzo y del propio Coppola, se basa en la novela "The Godfather" de Mario Puzo. Se rueda en exteriores de NYC, New Jersey, California, Las Vegas y Sicilia y en los Paramount Studios. Gana tres Oscar (película, actor principal y guión adaptado). seis pruebas tuvo que hacer 'Al Pacino' para conseguir uno de los mejores papeles de su vida: el de 'El padrino'. "No puedo contar cuántas. Tengo la sensación de que me pasé todo el rato haciendo pruebas". Más que un rodaje, fue un milagro. Así al menos lo han contado todos aquellos que lo sufrieron. Los actores de una de las películas más famosas y prestigiosas que nos ha dejado el cine se han reunido 45 años después, en el festival de cine de Tribeca.Llamé por teléfono a Pacino para que hiciera una última prueba. Lo cogió su novia y me dijo: '¿Qué le estáis haciendo? ¡Le estáis torturando!'", cuenta a modo de anécdota el director del largometraje, Francis Ford Coppola. Pacino consiguió definitivamente el papel después de una de las escenas clave de la película: la del encuentro de Michael Corleone con 'El Turco'. Hasta entonces, los productores creían que era demasiado bajito. Brando tampoco les gustaba porque daba problemas y no tenía buena dicción, pero Coppola se lo ocultó. Le obligaron a hacerle una prueba, y se la hizo sin que se diera cuenta. Brando imaginó el padrino como un buldog y se metió kleenex en la boca...."Solo quería que le dijera dónde estaba su cámara. Podías hasta ponerle accesorios encima. Yo le puse un gato callejero que había en el estudio", recuerda Coppola, quien también estuvo en entredicho. Le pusieron un director detrás para supervisarlo y pensó en dejarlo: "Mi secretaria me dijo que estaba arruinado y que era mejor que me despidieran".

 



El film suma drama, thriller, crimen y melodrama familiar. La narración se presenta ordenada cronológicamente, aborda con elegancia temas violentos, sórdidos y sombríos, se sirve de la técnica de las acciones simultáneas (bautizo) y combina el relato de la boda con una brillante presentación de los personajes. El ritmo narrativo es pausado, con aceleraciones y desaceleraciones acordes con la intensidad de la acción, y notables subrayados que proyectan solemnidad sobre el ejercicio del poder en el mundo del crimen organizado. Ofrece una soberbia escenificación del mismo (besamanos, caravanas de coches, guardaespaldas, atención de favores, luces doradas...), de sus rituales, manifestaciones, reglas de lealtad y sumisión, normas de transmisión hereditaria. Explica con realismo y crudeza la dimensión criminal y terrible de la organización. El título del film se atribuye, sucesivamente, a don Vito y a Michael. Presenta algunas viñetas sociales entrañables, como el paseo de los novios por las afueras de Corleone. El bebé del bautizo (Michael Rizzi) es Sofía Coppola, la hija del realizador. La música, de Nino Rota, ofrece un acertado tema principal, triste, melancólico y de aires fellinianos, tomado de "Fortunella", canción popular italiana. Como música añadida se escuchan fragmentos clásicos (Mozart, J.S. Bach, Verdi), clásicos modernos (Irving Berlin) y composiciones del padre del realizador, Carmine Coppola (boda). La fotografía, de Gordon Willis, de colores brillantes, compone claroscuros muy contrastados, sugerentes y ricos en simbolismo. Envuelve los escenarios reservados al poder en la organización con sombras profundas. Aporta una descripción precisa y acertada de los ambientes, cuenta con interpretaciones muy notables y es elevado el nivel que alcanza de intensidad dramática. El Padrino, que se puede decir que no se sepa. Es la mejor película que trata de la mafia. La obra de Mario Puzo es una obra maestra en muchos aspectos, y la película de las mejores adaptaciones de libro a la pantalla que he visto en el cine.

 

 

En la famosa escena, previa a su muerte en el huerto, Vito Corleone, el Don de la familia más poderosa de Nueva York, charla con su hijo Michael sobre los siguientes pasos a dar, sobre el futuro y el control de La Familia. Tras unas primeras frases introductorias Michael le pregunta qué le pasa, por qué se preocupa. “Yo dirijo. Te dije que lo haría y lo estoy haciendo”. Don Vito se acerca...Don Vito le dice con tristeza que eso no es lo que deseaba para él.

-“He trabajado toda mi vida por el bienestar de mi familia, y siempre me he negado a ser un muñeco movido por los hilos de los poderosos. Contigo tenía otros proyectos Michael. Pensaba que algún día podrías llegar a mover esos hilos. Senador Corleone, Gobernador Corleone, o más”-

Don Vito acababa de transmitirle, con toda la crudeza de un hombre en su despedida, la visión que tiene sobre el mundo, y la misión que tenía en su vida para con la Familia. La misma visión y misión que encontramos en cualquier empresa, las mismas que estudiamos en las escuelas de negocios. La visión que Don Vito tiene del mundo es clara: en un mundo dominado por los poderosos, que mueven los hilos, él no quería ser controlado por ellos. Así que se hizo mafioso para proteger a su familia de esos poderosos que acabaron con toda la suya anteriormente. Tres minutos y medio de conversación entre los dos personajes principales para hacer encajar todas las piezas, dejando el camino preparado para una secuela que, por primera vez, superó a su original y ganó también el Oscar a Mejor Película

 

 

 



Don vito no pudo hacerlo por la vía legal, para sobrevivir tuvo que elegir y decidió, consciente y tras años de penurias. Pero lo hizo pensando en proteger a su familia primero y en que sus hijos sí fueran poderosos en el mundo legal a futuro. Por eso no se enfada con Michael, como hacen sus hermanos, por no querer involucrarse en los negocios de la familia. Porque su objetivo era que la familia volviera al mundo legal. Esa era su misión. Ese era su objetivo. Y en los dos minutos finales de la escena transmite ambas a Michael para que continúe su obra: enfrentarse a la sociedad a la vez que intenta que su familia vuelva a ella en una posición de privilegio. Con tristeza, porque no esperaba que las cosas transcurrieran de este modo. No quería a Michael al frente de la familia, le quería limpio. El menor, el idealista, el héroe de guerra. Don Vito ama a su hijo, pero Michael ama todavía más a su padre, y renuncia a sus ideales para hacer algo que nunca quiso hacer. No sólo entrar en la familia sino incluso dirigirla. Pese a su comentario a su pareja durante la boda de su hermana: “esta es mi familia Kay, pero yo no soy así”, Michael se sacrifica al ver a su padre a punto de morir en el hospital, punto de inflexión e inicio de su viaje a su infierno personal. Durante el rodaje tenían claro que uno de los puntos más complejos estructural y emocionalmente era este momento, el traspaso del liderazgo de padre a hijo. Se buscaba que la escena transmitiese el amor mutuo y el sincero respeto que sienten el uno por el otro, pero sin decirlo abiertamente. Brando proporcionó la clave emocional. “Por una vez me gustaría ver a un hombre que no es incapaz de expresarse”. Robert Towne explicaba lo que quería transmitir: “Escribí una escena sobre la sucesión de poder, y a través de esto era obvio que los dos hombres sentían un gran afecto el uno por el otro. A través de la ansiedad de Don Vito sobre lo que podría ocurrirle a su hijo, y su propia ansiedad respecto a cederle el poder, por sus ambivalentes sentimientos acerca de forzar a su hijo a asumir su papel”. Con el traspaso de poder, el padre traspasa también a su hijo su visión y una misión. Y de repente, mágicamente, todo encaja. La película entera cobra sentido. Todo lo que ocurre en ella se puede entender de manera clara, sencilla e inapelable.

 
Nos gusta Don Vito porque, a pesar de ser mafioso y matar gente, tiene valores y protege a su familia, se enfrenta a los poderosos y equilibra la balanza con su poder. No es un asesino, hace justicia a los suyos. Transmite confianza en sus decisiones y tiene una visión clara de lo que ocurre. ¿Por qué no entra en el negocio de la droga? Ahora sabemos que, si Don Vito acepta la propuesta de Solozzo, ante la que una negativa supone el detonante de la primera guerra de la película, del ataque al Padrino y de la subsiguiente involucración de Michael, se alejaría radicalmente de su objetivo. Reintegrar a la Familia, el apellido Corleone, en la sociedad legal, hubiera sido prácticamente imposible. Por eso se niega a entrar en un jugoso negocio, con amplios márgenes e importantes perspectivas de crecimiento. O lo que podía ser peor: no aprovechar la oportunidad de entrar en un negocio que iba a permitir al resto de familias aventajar en poder económico a los Corleone, cuestionando su hegemonía. Tomar una decisión así sin una motivación muy sólida detrás sería irresponsable, tal y como piensa Solozzo... Una motivación lo bastante sólida como para mantenerla aún después del atentado contra su vida, incluso tras la muerte de su primogénito.Durante el rodaje tenían claro que uno de los puntos más complejos estructural y emocionalmente era el traspaso de padre a hijo. Se buscaba que la escena transmitiese el amor mutuo y el sincero respeto que sienten el uno por el otro, pero sin decirlo abiertamente. No era una decisión cualquiera, incluso la supervivencia de la Familia estaba en juego, tal y como Tom Hagen le explica “si no entramos en el negocio de la droga podemos desaparecer; no ahora pero sí en diez años”. Si las demás familias entran y ellos no, con el dinero que ganarán podrán comprar más jueves y policías que los Corleone, dejándoles fuera. Pero las decisiones del Padrino se mantienen coherentes con la visión que tiene del mundo y con la misión y el objetivo que tiene para su familia. Don Vito decide jugar con sus propias reglas para alcanzar la misión de devolver el apellido Corleone limpio al mundo legal, pero siendo uno ellos parte de los poderosos que mueven los hilos. Los Corleone siguen teniendo un problema sobre la mesa. En un mercado creciente, basado en servicios y oligopólico (repartido entre 5 familias), la presión ante la aparición de un nuevo entrante, un producto con alto margen como la droga, supone un problema estratégico. Michael, como su padre, acepta momentáneamente apoyar el negocio proporcionando protección, pero no quiere entrar en él realmente. La decisión supone más margen para sus competidores...“Inviertes 3.000 o 4.000 dólares y puedes obtener 50.000 distribuyéndolo”, con el peligro a medio plazo para su negocio, su familia e incluso su vida. Debe buscar una solución para alcanzar su misión sin abandonar los valores de la Familia Corleone. La alternativa elegida es perfecta. El mundo de las apuestas, los casinos, el espectáculo. Una industria en crecimiento en aquel momento. Los negocios son legales o ilegales porque lo dice la ley. Las leyes son ventajas competitivas puras. Controlar a quién hace las leyes y las aplica es por lo tanto de vital importancia. Jueces y policías. Atlantic City o Nevada están limitados por fronteras que, si cruzamos apenas un metro, provocarían que terminemos en la cárcel en el caso de ponernos a jugar una partida de cartas apostando dinero. Un paso a la izquierda, el juego es legal; uno a la derecha, el juego es ilegal. Michael busca un nuevo negocio creciente, con altos márgenes y que le permite acercarse el mundo legal sin abandonar el mundo ilegal .La película se estrenó con un metraje de mayor duración que la original planteada por Coppola. El presupuesto final de más de 6 millones de dólares, que superaba ampliamente los 2,5 millones originalmente pensados para la mismo, se recuperó sobradamente con una taquilla de 250 millones. Éxito de crítica y público, ícono cultural y según Stanley Kubrick la mejor película nunca rodada, cambió la industria del cine por completo, incluyendo el marketing y merchandising, las ventanas de explotación, el formato de estrenos e incluso cómo se comportaban los mafiosos, que adoptaron símbolos y ritos que no existían anteriormente.

 

 

 

 



 

Cada actor parece estar escogido meticulosamente para representar su personaje, lo que nos lleva al gran elenco de actores que bordan sus actuaciones. ¿Quién sino Marlon Brando podría ser Vito Corleone?, o Al pacino ser Michael, James Caan ser Sonny, Robert duvall ser el Consiglieri... Todos hacen que reluzca la pasión que debió tener Coppola al hacer esta película. Porque cuando se hace una película con pasión, puedes notarlo en cada escena. Coppola crea una película de ritmo lento que te deja disfrutar al máximo cada plano, y que a la vez es rápida ya que has de prestar los 5 sentidos para que no se te escape ningún nombre, ninguna cara, ningún movimiento... El Padrino es enteramente "Una oferta, que no podrás rechazar..." "El Padrino" es una película especial en muchos sentidos, pero de todos esos sentidos ya hablan las más de trescientas críticas que escribieron en aquellos años... Aunque voy a llevar cierta contraria a algunos críticos,, aquellos que dijeron la barbaridad de que "El Padrino", a pesar de ser técnicamente irreprochable, no inventa nada. Lo cierto es que a primera vista, "El Padrino" es cine clásico con muchos planos que impresionan pero no porque te estén transmitiendo cosas que nunca antes se habían transmitido sino precisamente porque parecen condensar todo lo bueno del cine de siempre en su esencia pura. "El Padrino" tiene mucho de compendio, más que de revolución: "El Padrino" es como cuando se decía que "La pasión de Juana de Arco" había matado al primer plano; se puede decir que en la película Coppola mata al cine clásico porque ya dice todo lo que se dijo antes y lo dice con ademán definitivo. Pero aunque realmente en ese aspecto no hay invención, "El Padrino" crea e indica un concepto externo en un mundo en principio tan poco afín al término del mundo cinéfilo

 

 

 

 


Reconozco que soy un enamorado de las películas de Mafía. La culpa la tiene la trilogía de "El Padrino". Mi actor favorito en la historia del cine es Marlon Brando. El mejor trabajo de la carrera de Marlon Brando es el de Vito Corleone. Por tanto esta película lo tiene todo para ser mi favorita... Esto depende de etapas de mi vida, de momentos concretos, de estados de ánimo. A la pregunta de cual es mi film favorito puedo contestar desde "El Padrino" hasta "Vértigo". Desde "Con faldas y a lo loco". Desde "El hombre que mató a Liberty Valance" hasta "Annie Hall". Desde "El séptimo sello" hasta "Ben Hur". Lo que está claro es que está es una de mis películas favoritas porqué Coppola supo, como nadie, mostrarnos el lado "romántico" de la Mafia. Quizás sea políticamente incorrecto, e incluso malvado tener como ídolo a Vito Corleone. Un asesino, un extorsionador, pero un hombre poderoso. La erótica del poder. ¿A quien no le habría gustado, alguna vez en su vida, ser como Vito Corleone?. En cuanto a los actores poco tengo que decir. Están sublimes. Nos hacen conectar enseguida con esa atmósfera tan llena de contrastes radicales. Por una parte tenemos el respeto a valores tradicionales como la familia, el matrimonio, el lugar de origen... pero por otro lado estamos ante una familia de criminales. ¿Cómo podemos sentir admiración por gente tan detestable?, ¿qué motivo nos hace admirar a criminales?. Yo no lo se. Entiendo que la gente admire a Superman, un héroe, salvador del mundo. Entiendo que la gente admire a Espartaco, un pobre esclavo vendido como gladiador que pone en jaque al imperio romano. Pero ¿porqué admiramos a Vito o Michael Corleone?, dos criminales sin escrúpulos....Esa es la magia del cine... El film es una obra maestra del cine, así de simple y al día de hoy si uno ama el cine, seguramente la habrá visto, por ello, todo lo que se diga, se escriba, es poco para dar impacto a este film, revisado,  con unos números aplastantes por todos los lados.

 

Yo soy de los que consideran la tercera parte del “Padrino” la mejor de las tres. Es más, considero que el mito de esta saga que coloca sus películas entre las mejores de todos los tiempos se produce precisamente con la dos. Sin la tercera hoy no consideraríamos ni mucho menos a esta primera como dicen algunos la mejor película de la historia. “El Padrino” es una extraordinaria película, por supuesto, pero no deja de ser en realidad una película de género. Desde el final del código Hays en la segunda mitad de los sesenta el cine americano se fue haciendo cada más “sucio”, mostrando la violencia sin tapujos. Muchos directores como Arhur Penn, Leone, Peckinpah, Friedkin... nos lo habían demostrado. Pero aún estábamos en la transición. Pero es en “El Padrino” donde se produce el carpetazo definitivo a todo lo anterior, se produce la definitiva colmatación y se instala para siempre la violencia en el cine como elemento que forma parte del día a día de todos nosotros. Es por tanto la sublimación de las imágenes violentas y su puesta en escena lo que cautiva a la gente, no otra cosa. Sin embargo original no lo es, unos años antes ya teníamos una joya de película sobre la mafia como “La matanza del día de San Valentín” de Roger Corman que es excepcional y que aborda el tema con modernidad y violencia explícita. El gran pero de “El Padrino” es su falta de ambición, no confundir con pretenciosidad, ya que los personajes que allí aparecen son más caricaturas de mafiosos que hombres de carne y hueso y su imbricación con el entorno es bastante limitado.Tampoco coincido con las loas al papel de Marlon Brando, a mi juicio tiene más de media docena -tirando por lo bajo- de papeles extraordinarios., pero ya se sabe que el transformismo y el estar semienterrado como era su caso y aparecer cuál Ave Fénix se valora mucho en Hollywood. Pacino está muy afortunado, al igual que James Caan y Robert Duvall los mejores con diferencia. Se echa de menos también un papel femenino consistente, y no lo hay porque no deja de ser magnífica.

 

Recuperamos a un grandioso Brando al que apenas se entiende pero cuya recreación del alma mater de la saga es, sencillamente, insuperable. También conocimos a Pacino antes de que fuera Pacino, cuando era un gran actor. Sabemos que cómo era una boda siciliana, porque antes de Coppola nadie se había casado ni en la isla mediterránea ni en ninguna otra parte del mundo. Incluso nos dimos cuenta del verdadero significado del noviazgo procesional: a eso se le llama ir con carabina. Aprendimos igualmente que la cabeza de un pura sangre queda mucho más aparente sobre la sábana bajera que disecada en la pared del salón. Entonces entendimos cómo empezó el mafioso Sinatra, y para qué sirven las cisternas de los wc de mala muerte, comprendimos el significado de la palabra vendetta. Y mirando a los ojos de su esposa es pan comido para un jefe mafioso. Todos tenemos la sensación de que esto ha sido mucho más cierto que cualquier historia adornada con la etiqueta ‘basada en hechos reales’. Todos están soberbios –guión, dirección, interpretaciones, música- , pero quizá nunca se pondere lo suficiente el trabajo de fotografía de Willis, sin cuya estética esto no hubiera sido lo mismo. No falta ni sobra nada en esta película; es perfecta en todos los sentidos: Guión, reparto, fotografía, banda sonora…¿Qué más se puede pedir?- Tiene mucho mérito que, siendo una de las primeras películas que hizo Coppola, sea una de las más aclamadas de la historia del cine. Cada segundo de metraje te envuelve en su ambiente, tanto, que cuando se acaba te deja con ganas de más. Si os gustan las películas de la mafia, no duden en verla. Y si no lo son, debería darle una oportunidad…no les defraudará


Nada nuevo voy a contar de esta película, la de mejor puntuación --- 'Una historia atractiva', 'unos personajes inolvidables', 'la fotografía exquisita', 'la ambientación inmejorable', son tan sólo algunos de los piropos con los que el aficionado al cine de cualquier los rincón adularía a este gigante. Pero una obra maestra no vive exclusivamente de estos aspectos técnicos y arguméntales de orden más amplio; las diferencias en muchas ocasiones las marcan los pequeños detalles, fugaces en una escena, y que, en apenas unos segundos, revelan hechos, ideas y sentimientos que requerirían de muchas letras que ser plenamente desarrollados. Ese es el lenguaje del cine, y en ‘el padrino’ estos susurros bullen a fuego lento para gestar, escena a escena, una obra digna por sí misma de encumbrar al cine a la categoría del ‘séptimo arte’.

 

Un coche se aproxima, despacio, hacia la entrada del hospital. Quieren asegurarse de que todo marcha según los planes, el trabajo debe ser rápido, limpio y, ante todo, silencioso, pero a medida que se acercan a su destino la silueta de dos hombres se hace patente frente al portal. Algo va mal, deceleran hasta casi detenerse frente a ellos. Entones el hombre a su izquierda mueve ligeramente un brazo con la intención de mostrarles su arma. No alcanzaron a verla, era noche cerrada, pero la argucia funcionó y el coche, acelerando, desaparece en la noche. En la huída, Michael les siguió con la mirada. El hijo del pastelero, a su izquierda, trataba de retomar el aliento. Echó mano a su paquete de cigarrillos, pero éstos se escurrían entre sus temblorosos dedos. Su improvisado compañero de guardia le ayudó en la tarea al tiempo que le agradecía la ayuda prestada. Cuando prendió el mechero, Michael fue consciente de ello: su pulso se mantenía inalterado; su corazón helado destempló de una punzada todo su ser. En ese instante certero lo supo. Él, que renegaba, era el más apto de la familia. Hay películas que es necesario verlas dos y tres veces, para poder pasar de la buena impresión de la primera vez, a una profundización en algunas situaciones la segunda, y quizás a un claro entendimiento ideológico de la tercera.

 

A lo largo del filme brillará como un monarca: No mata -directamente- a nadie, no le agradan los excesos, es muy bien hablado, luce siempre abierto al diálogo y la concertación… pero, con sutileza, Corleone deja ver el rostro tras la máscara y sus órdenes pronto se convierten en acciones que sacarán del paso a quienes se oponen a su “monarquía”. Bien entendido esto, queda plasmada la doble moral de la que se sirven los mafiosos para preservarse libres de toda sospecha. La escena del bautizo del nuevo hijo de Connie, en contraste con ese bautizo de sangre con el que Michael asume el poder, mientras públicamente y ante Dios renuncia repetidamente al diablo. Puedo sumar dos logradas escenas de acción (el ataque a Santino y Michael protegiendo a su padre en el hospital), pero creo que, hay otros aspectos muy poco acertados en el filme, que dejan mucho que desear y que dan cuenta del excesivo aprecio en que se ha tenido a esta película. Veamos: musicalmente se abusa del bello “The godfather waltz”, haciéndolo sonar lo mismo en un baile que en un asesinato, en una escena romántica  La paliza que le da Sonny a Carlo, su cuñado, está muy lograda desde los encuadres y la edición. Y lo peor, es ese exceso de complacencia con la familia Corleone, forjando una imagen de gente muy simpática y afectuosa, cuyos terribles actos delictivos lucen solo como los de cualquier rey cuando elimina a quienes pretenden derribarlo del poder. Y cuando se alimenta la empatía, en las mentes muy livianas es fácil que surja el deseo de replicar ciertos comportamientos o profesiones.

 

 

El Padrino está considerada como la trilogía mas lograda que se ha hecho en cine, otros críticos la tachan de lo mejor de la historia del cine...y yo, humilde cinéfilo la calificaría de obra de arte, de culto y un excelente aprendizaje para los que comienza a amar el inmortal cine clásico con mayúsculas.

 

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