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C A R Y  G R A N T

"Doble vida"

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

“He pasado la mayor parte de mi vida oscilando entre Archi Leach y Cary Grant, inseguro de cada uno, dudando de los dos"

 

 

 

Era la primavera del año 1957, Madrid se preparaba para recibir a tres nombres grandes del cine:

SOFÍA LOREN

CARY GRANT

FRANK SINATRA

Eran años de censura, años de férrea dictadura militar y la sociedad madrileña sucumbía de ignorancia, de sueño y fantasía, pasando los días entre la nada, el silencio y los espacios en blanco que todos soportaban como podían. Yo era un niño, apenas comenzaba a sentir la pubertad y mi ignorancia era tan grande como mi incipiente amor hacia un cine que tomaba posesión dentro de mí gracias a mi padre, un hombre al que recordaré siempre y que dibujaba en mi mente tonos rojos, azules o amarillos, como pincel cinematográfico de cultivo hacia un campo yermo preparado para recibir el arte que más satisfacciones da a mi vida.

Las noticias de aquel acontecimiento llenaban los diarios, los comentarios radiofónicos y las imágenes de un NODO que daba paso todas las semanas a mis sesiones de cine en el antiguo y querido Cine Doré de Madrid. Las imágenes de Sofía, la elegancia de Cary y la vulgaridad de Sinatra ocupaban la mente de todos los jóvenes y Madrid se disponía a recibir a los tres grandes como si de jefes de Estado se tratara. Los exteriores estaban elegidos, el hotel donde se hospedarían también, y los comentarios crecían como la hierba en el campo, alimentando la curiosidad a veces morbosa de quien veía a los actores como ángeles portadores de música dispuestos a llenar esos espacios de silencio, esos momentos de intimidad entre sabanas mudas, o simplemente un pretexto para saborear un gozo inexplicable.

 

Podría numerar más de cincuenta nombres relacionados con el cine que producen en el espectador la satisfacción de degustar la calidad de un buen vino, sin llegar a levantar la copa o sentir la calidez de su textura, podría ir detallando uno a uno y siempre habría una mano que me robaría el penúltimo de los nombres. Yo, ante la duda de que pueda ocurrirme algo parecido, siempre doy el marco apropiado a cada uno de ellos  y me dejo seducir por la hermosura, el placer y la belleza de los cuerpos que una vez nos hicieron sentir que existía vida en nuestro interior y que su sonrisa era alimento diario para aquellos placeres por entonces inexplicables. Podrá parecer morbosa la forma como presento los comentarios que anteceden a los hombres y mujeres que un día llenaron la pantalla, pero así lo siento, así creo que debe ser y lo considero vital para comprender las líneas que salen de mis dedos, formando estas frases, conducidas por los latidos y el bombeo de mi propia sangre, la misma que danza exultante en mi corazón de cinéfilo o de un  simple hombre que quiere hacer participes a los demás de cómo vivo el Séptimo Arte.

A veces, no siempre, el intelecto está preparado para afrontar trabajos, mas en otras ocasiones, las ventanas se cierran y no se ve el sol. Pero una vez me dijeron;

"Escribe siempre, hazlo siempre que puedas, intenta entrar en tu cerebro y saca lo mejor que hay en ti, pero nunca desfallezcas".

Son palabras que tengo siempre presentes y conforme pasan los minutos y las horas, comprendo más su importancia, porque adivino en ellas la realidad que vivo en mi madurez de hombre, en la que clavo las uñas, sacando lo mejor y lo peor, pero siempre soltando letra tras letra, componiendo un puzle que luego se convierte en testimonio, homenaje o relato de aquellos seres maravillosos de mi existencia. Me siento presa de los destellos que dejaron huella en mí, y cuyas heridas no solo producen dolor, sino el más reconfortante de los placeres, porque representan la luz de mis vivencias, de mis sentimientos y estos sí son explicables, constituyen capítulos de mi propia historia.

 Abriendo uno de ellos, entre esos cincuenta nombres a los que me refería antes, encuentro  uno corto, pero infinitamente cinematográfico, hecho con hilo de oro y humo de sueños, que atesora una magia que nunca desaparecerá, porque él, en sí, es el resultado de una fascinación que siempre nos hará soñar.

Se acaba de publicar un libro biográfico sobre el actor, escrito por Marc Eliot. en el que se hace referencia a su bisexualidad,  y yo me pregunto, ¿tan importante es la condición sexual de un personaje de su calibre como para acaparar casi todos los medios de difusión y convertirse en noticia de primera plana? Particularmente creo que constituye una campaña de marketing  y, por tanto, se centra más en millonarias ventas. Creo que somos hombres y mujeres maduros como para asustarnos de la condición de un personaje público en ese terreno y olvidar su trayectoria artística, que resulta más interesante. Sin embargo, no puedo obviar este apartado, ya que para Cary Grant, según noticias que me llegaron hace mucho tiempo, era un tema que le obsesionaba terriblemente y sobre el que interpuso alguna que otra querella.

 Yo estoy en disposición de afirmar que Grant efectivamente era bisexual. Durante el rodaje de ORGULLO Y PASIÓN en Madrid, dejó constancia ante el personal del HOTEL CASTELLANA HILTON donde se hospedó, al igual que los momentos de escándalos y borracheras que Frank Sinatra vivió en compañía de Ava Gardner. Ambos actores fuera del plató apenas se dirigían la palabra, había una especie de rivalidad. El estilo, la clase y la fama de Grant eran superiores a la del mafioso e inútil Sinatra.

 Algunos testigos de aquellos días, personas que trabajaban en el citado  hotel, entre ellas David L.G., amigo mío, me contò muchas curiosidades en relación con Cary Grant, como también de Sofía, Sinatra y Ava Gardner. Las borracheras del matrimonio Sinatra son ya historia, al igual que la calidad, profesionalidad y simpatía de Sofía, pero, en mis escasos años de aquel 1957, no pude dejar de sorprenderme cuando David me confirmaba las costumbres de esos astros del cine a los que tenía en un lugar especial. Me sorprendieron, por ejemplo, las manías de Grant a la hora de recibir el desayuno, su bandeja debía tener siempre una rosa roja fresca, las enormes propinas que daba, lo exigente que era con su ropa, con su aspecto personal, sus zapatos y el resto de complementos; pero lo que me dejó más intrigado eran las visitas que recibía en su habitación. En aquellos años en España se desconocía todo o simplemente nos lo ocultaban. Hoy de haber sucedido igual que entonces, a esos jóvenes que pasaban la noche en una de las suites más lujosas del Hotel Castellana Hilton de Madrid, en compañía de un hombre, mito del cine, se les denominaría "chaperos". En 1957 tendrían otro nombre, no lo sé, pero hoy en pleno siglo XXI ese es el que reciben y el actor conoció durante su estancia en España buen número de ellos. No es mi intención impregnar de morbo mi texto, simplemente deseo dejar constancia de un hecho, que llegó a mí de forma casual y que seguro el autor del libro al que antes hice referencia desconocía, ya que no lo menciona.

Cuando los sentimientos crecen en el interior, cuando pasan a hechos y estos son sublimados por la persona, aceptando su ambigüedad, ya son parte de tus vivencias, y los acepta con sus consecuencias, así la trayectoria diaria se hace más normal, más íntima, porque nadie como nosotros mismos podemos amar y comprender nuestros actos, a nadie le importan y llegan a ser tan necesarios como el mismo aire que respiramos. La homosexualidad en sí no es una actitud y mucho menos una desviación, es un sentimiento y, ante los sentimientos, nadie posee el derecho a criticar, a ensalzar y tampoco a publicarla a los cuatro vientos.

 

Me hubiera gustado haber conocido personalmente a Cary Grant de la misma forma en que conocí a Brando, porque estoy convencido de que, en nuestras conversaciones, él hubiera aportado credibilidad a cuanto estoy escribiendo y porque sé de ello, estoy convencido de que su bisexualidad, homosexualidad , o como se le quiera llamar, tenía los mismos tintes que yo estoy dando a mi artículo. Desgraciadamente no fue así, no tuve esa suerte y no pude conocerle, pero desde el lugar en donde nos está esperando, sabe perfectamente que en mí, como en cientos de hombres que escriben lo que sienten o analizan a algunos nombres famosos del cine, siempre tendrá comprensión, admiración y, sobre todo, respeto.

Se ha escrito mucho sobre Grant, quizá demasiado, yo no voy a detenerme solo en su filmografía, seria inútil. Casi todos los aficionados al cine conocen al detalle su brillante trayectoria, desde HISTORIAS DE FILADELFIA  hasta APARTAMENTO PARA TRES. No soy el clásico crítico de cine ni el escritor que habla de un nombre de su importancia, analizando sus películas  o sus amores. Voy a centrarme en el hombre atractivo que está tras su nombre, el que rasga la pantalla y se sienta a nuestro lado como el amigo deseado que nos acompaña en los momentos más trascendentales de nuestra existencia; también un poco sobre su vida artística, pero con datos insólitos que hasta ahora ni yo conocía. Cary Grant fue para mí y lo es ahora, una bomba de relojería, su figura sobresale de entre los recuerdos, aunque un tanto desvaída por culpa de su última biografía, un perfil que poco importa, porque el tic tac de nuestro corazón aún late con fuera suficiente para comprenderle, admirarle y recordarle. No obstante y, en honor a la verdad, parte del libro de Marc Eliot es digno de ser leído.

 

A pesar de los muchos años transcurridos desde que protagonizó su último largometraje y su lejano fallecimiento (en Davenport,  el 29 de noviembre de 1986), la figura de Cary Grant sigue siendo uno de los reclamos más poderosos para el público de todo el mundo, tanto si se es un aficionado al cine como si únicamente se acerca a su mundo de forma morbosa, en busca de entretenimiento. Ni siquiera los rumores sobre su homosexualidad han conseguido romper el vínculo de afecto que los espectadores de todas las edades establecen de manera automática con este carismático actor que llenaba la pantalla con una elegancia y un sentido del humor difícilmente repetibles, y a los cuales sólo ha podido acercarse, si bien militando  con más frecuencia en la comedia que en el drama, Gregory Peck.  Pero a Peck le faltaba el toque de locura cómica que Grant imprimía a sus trabajos y se manifestó como intrépido juego de autoparodia en la inolvidable CHARADA, de manera que cuando Stanley Donen tomó a Peck como sustituto de Grant en Arabesco, un ejercicio parecido por su humor y suspense, la fórmula no dio resultado. De hecho, todos los intentos por buscarle sustituto a Cary Grant en el difícil papel de galán cómico, que él mismo había convertido en una especie de arte dentro del cine, fracasaron estrepitosamente a pesar de elegir actores de probada eficacia y con estrellato propio como Tony Curtis, que mantuvo un excelente duelo con el propio Grant en OPERACIÓN PACÍFICO, o el mismo Rock Hudson, a quien Howard Hawks utilizó  en Su juego favorito,  papel en principio escrito para el lucimiento de Cary Grant.

Su elegancia, su locura y predisposición a ser punto absoluto en la pantalla eran las características que lo convertían en  el galán de los galanes, el actor por excelencia y uno de los rostros más cínicamente atractivos de cuantos han pasado por la caja de los sueños. Ni el paso cruel del tiempo hizo mella en su rostro porque, al igual que Sean Connery, el tiempo le alzó a lugar privilegiado, donde sus rasgos maduros cobraban una belleza inusitada. Tal vez ahí estaba el endiablado carisma que él cuidaba y mucho. Su físico fue parte esencial a lo largo de toda su vida y buena prueba de ello son las imágenes que siguen a continuación, donde se aprecia el encanto inmarchitable de un cómico irrepetible.

Marlon Brando dijo en una ocasión que, de parecerse a Cary Grant, ya podía tumbarse al sol y dejarse al destino, porque actores como él daban categoría a su profesión.

No solo poseía categoría y elegancia, Grant era un actor dúctil, su transformación en la pantalla era enorme y reflejaba con justicia un enorme poder de seducción que hacia que hombres y mujeres se sintieran tocados por su personalidad y a veces en sueños todos quisiéramos ser un poco como él. Hay gran diferencia entre un film protagonizado por Grant y otro a cargo de otro actor y eso era precisamente lo que Alfred Hitcock buscó cuando le ofreció interpretaciones que vistas hoy, siguen siendo modelos.

 

 

Su vida personal es otra historia, no menos brillante que su carrera, pero dista mucho del prototipo de hombre que en aquellos años se estaba acostumbrado a emular, por una sociedad hipócrita. En la actualidad, un actor con una vida privada similar a la suya sería normal, en cambio entonces, los estudios, la prensa y hasta los mismos compañeros que tuvieron la oportunidad de trabajar con él, ocultaban episodios de su vida privada, por cierto temor a ser salpicados o a marcarle sin posibilidad de defenderse.

Cuando el actor vivía con Randolph Scott, los rumores de su homosexualidad se dispararon sobre todo Hollywood, se les veía juntos en todos los estrenos, fiestas y compartían una casa colonial en las colinas de Los Angeles. Los estudios le aconsejaron a Grant que se hicieran una serie de fotografías para acallar los rumores, un reportaje que hiciera ver que dos amigos amantes del deporte, elegantes y seductores, podían compararse a Clark Gable y Erroll Flynn, quienes en años anteriores fueron víctimas de comentarios similares. Así en  las fotos que danzan por los archivos y la prensa, aparecen vestidos prácticamente igual, nadando en la piscina o jugando al tenis, el prototipo del galán americano, libre y dispuesto a cualquier punto de mira. Las mencionadas fotografías tuvieron mucha repercusión y fueron analizadas con lupa. Pero ellos no se dejaron intimidar por los comentarios de los críticos y las comadres de Hollywood. Grant era un hombre casado y compaginaba a la perfección matrimonio, libertad y amistades de todo tipo, pero aquella relación que continuó con el tiempo no era un simple paisaje amistoso de dos amigos que tenían muchos puntos en común, como la ropa, la caballerosidad o la misma elegancia, ambos estuvieron tremendamente enamorados el uno del otro, y aunque nunca Cary ni Randolph hicieron declaraciones al respecto, sus allegados más íntimos sabían qué clase de amistad era aquella, las horas que empleaban en verse muchos fines de semana y las fiestas que ellos mismos organizaban con ayuda de dos de las amigas mas íntimas de Grant, Grace Kelly y Doris Day, escenario de una de las relaciones que marcaron la vida de Cary Grant..

En una ocasión, siendo Princesa de Mónaco, Grace dijo:

"Cary es la mejor persona que he conocido, su sinceridad, amistad y ternura no tienen paralelismo alguno con nadie de los que conocí en la meca del cine. Somos amigos y seguiremos siéndolo aunque el tiempo pase rápido o aunque uno deje al otro. Yo respetaré siempre su forma de ser, aunque no comparta ciertas cosas, al igual que él me comprende mejor que mi propio esposo y sabe como soy. Esa es una de las normas de los buenos amigos, el respeto.....Nadie posee su gentileza y sensibilidad".

 

Aunque hace casi veinte años que falleció, editoriales, lectores, cadenas de televisión y espectadores se siguen interesando por el actor y el hombre, la prueba más reciente es la publicación de Marc Eliot, que recomiendo, donde se destapa su amistad con el temido Edgar J. Hoover, su matrimonio interesado con la multimillonaria Bárbara Hutton, su simpatía hacia el nazismo, régimen que utilizaba para pasar información al Jefe del FBI y su búsqueda incansable de encontrar a la mujer que pudiera llenar,en su mente y corazón, el hueco que dejó su madre, como un sin fin de datos que nos presentan la figura de un hombre atormentado, sobre todo por su condición sexual

Un avispado periodista le preguntó en una ocasión:

¿Quien es realmente Cary Grant?

A lo que el actor contestó:

"Cuando lo descubra usted, cuéntemelo"

 

UN AMOR IMPOSIBLE

Cary era muy consciente de la distancia que había entre su imagen publica y su vida privada, tenía fama de tacaño, de maniático con la limpieza, solía plancharse hasta los cordones de sus zapatos y exigía una cláusula en los contratos que firmaba, que señalaba que  solo él elegía su vestuario y hasta la forma de su cabello. Odiaba que en la pantalla este brillara y usaban una especie de crema mate para darle la forma que él exigía. Entre la distancia que comentaba al principio, actor-persona,  estaba también el tormento que le causaba su afición al alcohol y al LSD. Ya su esposa Dyan Cannon, su tercera mujer y madre de la única hija, le acusó de ser "Apóstol del LSD", pero el actor nunca lo dejó y Dyan, a pesar de callar siempre sus intimidades matrimoniales, en una ocasión dijo:

"Conmigo se portó de un modo cruel e inhumano".

A mí personalmente me cuesta creer que Cary fuera cruel e inhumano, adjetivos que están fuera del contexto que rodeaba la figura de uno de los hombres mas cariñosos y humanos de cuantos han pasado por el cine. En referencia a cuanto estoy diciendo, existen unas frases de dos compañeros del actor, Sofía loren y Marlon Brando, quienes hacen dudar de las palabras de Dyan Cannon.

Marlon Brando dijo:

"No solo hace digna esta profesión de locos, sino que si tuviera que elegir un hermano, pediría que fuera exactamente igual a él. De Cary Grant solo podemos aprender lo que significa la palabra clase en toda su extensión".

Sofia Loren, dijo:

"Cary era el hombre que toda mujer sueña, a mí me enseñó muchísimo mientras rodamos las películas en las que trabajamos juntos, como ORGULLO Y PASIÓN y CINTIA. Me marcó su forma de combinar los colores, la forma de caminar, de hablar y hasta de coger los cubiertos. Siempre recuerdo que hablaba de que la educación y los buenos modales eran parte crucial para una persona. Lo seguí al pie de la letra y puedo asegurar que cuanto soy ahora, en parte se lo debo a dos personas, mi esposo Carlo y Cary Grant. Nunca se ha ido, a veces le siento a mi lado".

Audrey Hepburn dijo a la prensa:

"Cary era puro algodón, apenas podía mirarle a los ojos, tenía un imán que hacía que me olvidase del guión. Su clase, compañerismo y atractivo, eran indiscutibles".

 

El actor estaba en la cima de su carrera cuando el novelista Ian Fleming escribió el primer libro sobre James Bond. De hecho, Fleming estaba convencido de que nadie encarnaba el ideal de caballero inglés mejor que Cary Grant. Por eso, se inspiró en él para crear el aspecto físico de  Bond. Según las novelas de Fleming, Bond tiene el pelo negro, pesa setenta y seis kilos y mide uno ochenta y cinco, que eran casi exactamente las características físicas de Cary Grant. Cuando se preparaba el rodaje de 007 contra el Dr. No, la primera de la serie, al actor que le ofrecieron primero el papel, como es lógico fue a Cary Grant, pero él tenía entonces cincuenta y ocho años, se veía mayor para el el personaje y lo rechazó. La segunda película, Desde Rusia con amor, iba a ser dirigida por un buen amigo de Grant, nada menos que el maestro Alfred Hitchcook, quien le pidió a Cary que interpretara a Bond. La pareja en la película iba a ser otra amiga de Hitchcook y del actor, Grace Kelly, pero Grace se había convertido ya en Princesa de Mónaco y su esposo Rainiero no quiso que volviera al cine. Aquella negativa impuesta hizo que Alfred Hitchcook perdiera el interés en dirigir el film. Y sin sus amigos como compañeros hicieron que Grant renunciase definitivamente a encarnar a James Bond. Por desgracia para los aficionados al cine, esta es una de esas veces en que un papel va de mano en mano, y aunque Sean Connery luego demostró ser uno de los grandes, su incorporación al agente 007 hizo que el cine perdiese la oportunidad de ver fundido en uno, un increíble espectáculo en manos de un siempre eficaz y elegante Cary Grant.

Hitchcook definió al actor perfectamente:

"Podría actuar con un huevo podrido en la cara y seguiría pareciendo tan fascinante como siempre".

Doris Day, compañera del actor en varias ocasiones, dijo:

"Cary tiene la maravillosa cualidad de ser capaz de hacer interesante la escena más insignificante".

 

Junto a estos atributos profesionales, Cary Grant cuenta también con una existencia sembrada de curiosidades que componen uno de los rompecabezas más interesantes y posiblemente también más difíciles de construir y entender que integran la iconografía y mitomanía de Hollywood. Lejos de los circuitos profesionales y la terapia ocupacional que llevó a otros nombre importantes del cine como James Stewart, Richard Widmark, Anne Baxter, Barbara Stanwick, Stewart Granger, Bette Davis y un largo etcétera a rentabilizar su estrellato en televisión o exhibirse en productos de baja categoría que pusieron un nefasto punto final a sus carreras  y los convirtió en nulos reclamos de videoteca, Cary Grant supo ejecutar la ceremonia, nunca suficientemente valorada entre las estrellas, de la jubilación a tiempo, para dedicarse a otros asuntos que además de no restarle un ápice de fama, siguieron incrementando su cuenta corriente. El genio interpretativo de Cary Grant, que sigue siendo imitado y estudiado por muchos aspirantes a reproducir lo inimitable, se esfumó en el mejor momento para el cine  y con su retirada puso también punto final a cuatro décadas prodigiosas del Séptimo Arte concebido como espectáculo y entretenimiento de gran calidad.

Los aires de elegancia, la sutileza con que hacia sus conquistas y el misterio que le rodeó siempre, serán los iconos visibles de un hombre nada convencional. Yo, cuando intento homenajear un nombre de las artes o escribir sobre alguien que está en primera plana por cualquier noticia o una publicación como sucede en  este caso, pretendo hacerle mío, pegarle a mi piel, oler su propio aroma y sucumbir, si ello fuera preciso, en las arcas de la alianza, y perderme en el mar de los siglos del recuerdo. Cary es un símbolo, una caja de Pandora y estoy dispuesto a competir con Marc Elliot en la danza morbosa de las líneas de su libro, y abrir esa caja, en defensa de uno de los hombres más sobresalientes del cine y poseedor de un atractivo envidiablemente inmortal.

Si pasaron por sus sábanas de seda y contemplaron su ropa interior (el actor usaba lencería de mujer, por su tacto y delicadeza), las mujeres y los hombres más conocidos y otros anónimos absolutos, si saborearon su desnudez en los silencios de los hoteles en donde se hospedó o en su propia casa de Los Angeles, creo que nadie puede tacharle de ser extraño o criticar su ambigüedad, porque estoy seguro, y pondría mi mano sobre el fuego, de que tres de cada diez hombres y siete de cada diez mujeres harían un  pacto con el diablo por sentir sobre su piel la blanca seda de uno de los lugares de reposo más deseados de toda la historia del cine.

Cary amó a muchas mujeres, dos de ellas son historia: Sofía Loren y Grace Nelly. Sobre la primera, la sombra de Carlo Ponti y el amor que la actriz profesaba a su marido le impidieron lograr su objetivo. Su relación con  Grace fue muy diferente, vivieron una aventura que duró hasta la muerte de la Princesa. Cary Grant también profesó  un amor enorme hacia su hija Jennifer. Era su triunfo ante una sociedad hipócrita y fue siempre lo más preciado y querido de su vida, a pesar de los impedimentos de una aprendiz de actriz llamada Dyan Cannon. Mientras tanto,  el actor seguía caminando por su bosque encantado, se reunía en la sombra con duendes, elfos y hadas, como un personaje más de la obra inmortal de Shakespeare y estoy seguro de que, a su éxito personal como actor, habría que sumarle sus encuentros en una lejana "SUEÑO DE UNA NOCHE DE VERANO". A veces creo que en mi larga vida, marcando distancias, yo le vi una noche cálida de verano y dentro de la magia que nos envolvía, también yo me tropecé con duendes, hadas, elfos y otras criaturas fantásticas, a la espera de sentir el palpitar de mi corazón ante un encuentro con el hombre, siempre ayudado por la oscuridad que manaba de mi fantasía de sueños rotos.

Marcar un perfil exacto de cómo debió ser Cary Grant resulta totalmente imposible. Se pueden desgranar muchas piezas para componer el puzle, pero nunca se podrá completar, porque nadie, ni sus más fieles amigos, esposas o amantes serian capaces de ello, aunque se tuviese al lado la mano inductora del actor. Creo que a través de este articulo, de mis palabras y vivencias, el acercamiento puede ser posible, con un margen de error muy pequeño. Mi admiración hacia él no tiene límites y a veces las palabras salen solas, para insertarse en mi web, con el solo interés de que al ser leídas alrededor del planeta, la composición de una personalidad tan acentuada, carismática y ambigua como la suya, se comprenda mejor que lo que yo pueda pensar. No es otro mi interés. Si al menos uno entre cien penetra en el interior del actor, habré perfilado con acierto aproximado las líneas precisas de uno de los hombres más fascinantes del cine.

 

Hubo una espina que Grant llevó durante mucho tiempo clavada , la negativa de la Academia de Hollywood a concederle un Óscar por sus interpretaciones en  las que estuvo nominado: LA FIERA DE MI NIÑA, HISTORIAS DE FILADELFIA y ENCADENADOS. En aquella época cuando Cary Grant trabajó de forma independiente e incluso puso sus famosas condiciones, hizo que se ganase la antipatía de algunos miembros de la Academia, enemistad que se acrecentó después de la Segunda Guerra, cuando le acusaron de izquierdista,  por defender a Charles Chaplin y a Ingrid Bergman, que estaban marginados de Hollywood, el primero por anti-americano, inmoral y comunista, y  la segunda, por adultera. Pero finalmente, en 1970, cuando Gregory Peck, presidía la Academia, comenzaron a respirarse vientos de cambio en muchos aspectos y Cary recibió un Óscar honorífico "Por una carrera sin precedentes". Dicen que el día cuando le comunicaron el premio, rompió a llorar.

Creo que está clara su condición, su elegancia, su enorme valía como actor de cine, sus ganas de vivir, su generosidad con los seres que ama, su influencia entre los actores jóvenes de hoy. Creo que a todos los hombres del mundo nos hubiera gustado ser, por unos instantes, Cary Grant, aunque para ello tuviéramos que atravesar ese telón de luces y sombras que fue su vida, una de las existencias más interesantes del panorama cinematográfico mundial.  

 

 

"Dicen que en Montecarlo, justo en el punto en que el coche de Grace Kelly se estrelló, en las noches de verano, cuando los rayos azules de la luna iluminan el lugar, una pareja de cárabos revolotean incansables en forma de circulo. Dicen también quien ha visto las aves que uno es de un plumaje majestuoso, regio y blanco como la nieve; el otro, intensamente negro y brillante, con un toque de elegancia y distinción".